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Weekend - 2021-04-29

Data:

Variada uruguaya

PESCA

Textos y fotos: JULIO POLLERO

Salimos al Río de la Plata en busca del tigre de los ríos. Y no solo logramos excelentes dorados otoñales, sino también tarariras y algún surubí. Cuál es la clave para encontrarlos. Dorados en la costa uruguaya era la idea y el desafío que l es propuse a m is compañeros de salida. Si bien no era un imposible y la pesca en los ríos Uruguay y Del Plata venían muy bien, en el último tiempo el agua se ensució, los vientos no ayudaron, el clima tampoco y los peces decidieron hacer las cosas bien difíciles para los aficionados. De ahí que tomamos esta salida como un desafío. Hablando con varios guías de zona Norte, ellos coincidían en que habían perdido un poco el ritmo de pesca. Si bien algunas capturas se mantenían firmes, como la del patí, otras estaban costando un poco más. Obviamente, nada es un impedimento para el pescador deportivo, y más cuando presiente que puede ser difícil. Otro de los motivos que estábamos analizando era llegar a los pesqueros de la costa uruguaya, o bien al río Uruguay, navegando desde una guardería de Tigre, lugar donde descansan nuestras embarcaciones. Solo buscábamos la posibilidad de pescar dorados con carnada y para eso llevamos equipos compuestos por cañas de 2,10 a 2,50 m con acción de punta y una potencia no mayor a las 20 lb (1 lb = 453,59 g). Complementamos con reeles redondos y de bajo perfil cargados con hilo multifilamento de 40 lb, y líneas muy sencillas, algunas pasando un plomo corredizo en la madre del reel y luego atando una brazolada de leader de acero con un anzuelo 7/0 u 8/0, y otras de flote con una profundidad de hasta los 2 m corregida con nudos corredizos. La carnada ideal para este tipo de pesca es la morena viva, hoy por hoy muy difícil de conseguir, pero también funcionan muy bien la anguila viva o en trozos, los bagres amarillos, mojarras y hasta los patíes chicos. ■ Buen clima y poca gente Las conversaciones entre los que íbamos a ir a pescar se iban intensificando, pero no encontrábamos el día. Fue así que una vez anunciada una semana de calor pleno y mucho sol, combinamos y salimos una tranquila jornada de entre semana. Junto con Adrián De Brito y Luis Chichi Yañez nos encontramos muy temprano en una estación de servicio del acceso a Tigre para comenzar a navegar con las primeras luces del amanecer. Luego de un regio café con leche llegamos a la guardería, subimos todo a la lancha y empezamos a navegar pensando qué puntos podríamos pescar para no fracasar en el intento. Lo primero que hicimos fue entrar a un arroyito para sacar unos bagres amarillos, lo cual hicimos encarnando con lombriz un línea de fondo, y pronto pudimos juntar varios. Desde allí, y en dirección a la isla Martín García, nos cruzamos con Elías Mica, quien justo terminaba de pescar un lindo cachorro de surubí. Un par de fotos y seguimos derrotero hasta El Galpón de Chapa, un punto que suele dar buenos pescados si hacemos las cosas bien. Es una zona de mucha piedra, por lo que conviene pescar con líneas de flote. Anclamos bien alejados de la costa e hicimos los primeros intentos. Se las hago corta: ni un pique. Le dimos un tiempo prudencial y nos movimos hacia otro punto, un par de kilómetros al sur de la isla Dos Hermanas. Aquí tuvimos un par de piques en una zona donde mis compañeros miraban perplejos, era todo agua, nada cerca, pero donde hay cortes de veriles, piedras, correntada, bancos de arena, todas situaciones que las hicimos al garete ayudados por la correntada del canal. En esta oportunidad pescamos con líneas sin plomo ni nada, solo la brazolada con la carnada y en constante movimiento. Llegado el mediodía volvimos hacia los alrededores de la isla grande y buscamos un lugar para poder pescar anclados y, de paso, prender el anafe para comer unos ricos bifes de chorizo con pan y salsa criolla. La verdad, habíamos encontrado la pesca y estábamos muy divertidos, pero aún no teníamos los dorados que habíamos ido a buscar. Una vez terminado el almuerzo y dispuestos a dar el golpe final, nos cruzamos un poquito de costa, y encarnando las líneas con bagres amarillos enteros dimos con la mejor propuesta: dorados que superaron los 4 y hasta los 6 kg de peso. El primero de los grandes que picó, lo perdimos, y la verdad no volaba una mosca arriba de la embarcación: entre el mal humor y no saber qué decir, seguimos con la pesca. Mientras tanto tuvimos pique de tarariras y patíes, pero los dorados buenos no aparecían. ■ Tarariras y el dorado soñado Levantamos el ancla y nos pusimos a garetear para cruzar una canaleta de veril a veril, y así probar sobre la parte baja y la profundidad de ese lugar. Un par de toques y corridas firmes dieron algunos doradillos y más patíes. Cuando pasábamos por la boca de un juncal picó fuerte una linda tarucha, pero nada más. A unos metros se veía dibujado el veril del lugar elegido y ya todos nos preparamos para lo mejor, y así fue. Primero fue Chichi que, con un cañazo certero, dio con un lindo dorado que solo saltó una vez para luego rendirse y subir a bordo mediante el uso de un bogagrip. Mientras trabajaba tomando algunas fotos, el sonido de la chicharra de un reel hizo que todos quisiéramos correr hacia la caña, pero fue Adrián quien tomó la suya y esperó el momento para clavar lo que sería un hermoso dorado, calculo que de unos 5 kg. Todo un placer ver la pelea, los saltos y tenerlo dentro del copo para poder fotografiarlo. Yo era un simple espectador, pero ojo, también tuve suerte y pesqué algunos. Después de este último pique dimos por terminado el día de pesca y, con el viento calmo y el agua justa, cruzamos por La Raja apuntando hacia el casco urbano. Así llegamos sin sobresaltos a la guardería, donde pudimos contar que nuestra salida a la costa uruguaya había rendido sus frutos. Espectacular pesca de dorados, cachorros y taruchas a una hora y media de las guarderías de San Fernando y Tigre. ¡Un lujo!

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