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Weekend - 2021-04-29

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Después de 50 años, la Ford Bronco vuelve con modernas prestaciones pero fiel a su carrocería que la convirtió en un clásico.

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Textos: ALEJANDRO FISCHER. Fotos: FABIAN MALAVOLTA

Después de 50 años, la Ford Bronco vuelve con modernas prestaciones pero fiel a su carrocería que la convirtió en un clásico. Amediados de los años ‘60 del siglo pasado, Ford buscaba desarrollar un vehículo para competirle a la versión CJ5 del Jeep y al International Harvester Scout. Para ello, el mítico directivo Lee Iacocca formó un equipo de trabajo integrado por los mismos que habían creado el Mustang. La idea era lanzar un nuevo vehículo off-road. Así, el Ford Bronco fue presentado el 11 de agosto de 1965. La primera generación tenía motor de 6 cilindros y 2.8 litros que generaba 105 CV de potencia, un valor más que interesante para ese momento. Ford Argentina nunca trajo este modelo al país, sin embargo, en los años ‘80 y ‘90 fue importado por particulares, en muchos casos como unidades usadas. El Bronco estuvo en producción hasta 1996, fueron cinco generaciones siempre en carrocería de dos puertas. Incluso hubo un roadster de carrocería abierta. Cuando fue reemplazada por el Expedition comenzó su leyenda. El regreso Veinticinco años después, Ford revive este nombre emblemático del off road, pero ahora convertido en una submarca dentro del mundo del óvalo. En principio, hay que diferenciar los nombres. Si bien la familia se llama Bronco, el que conserva el ADN original es el Bronco a secas que se produce en los Estados Unidos y que es el que tiene el aspecto más guerrero, casi todo desarmable. El que acaba de llegar a nuestro país es el Bronco Sport que se produce en México, algo más civilizado. Una de las primeras observaciones sobre el vehículo es que hay una clara cuestión de identidad, este producto de Ford no tiene el óvalo que dice Ford en su frente sino que allí está el nombre del modelo, Bronco. El óvalo azul está pequeño, a un costado, en el portón trasero. La otra diferencia es que el fabricado en los Estados Unidos está concebido para el off road más extremo, mientras que el que llega del país azteca es un SUV compacto, familiar y recreacional, segmento al cual la marca apunta todos sus cañones para ventas más masivas. El Bronco Sport llega en dos versiones, Big Bend y Wildtrak. La primera porta motor EcoBoost 1.5 que eroga 175 CV a 258 Nm de torque, en tanto que la Wildtrak monta un EcoBoost 2.0 que entrega 240 CV y 373 Nm, potencia y torque que se hacen sentir tanto en asfalto como en el fuera de ruta. La transmisión es automática de 8 marchas pero con una incómoda y poco intuitiva ruedita selectora que hay que buscarla, mirarla y girarla para colocarla en la posición que deseamos, en lugar de la tradicional palanca. Por suerte tiene levas al volante. Más allá de los detalles retro de este nuevo vehículo, lo cierto es que mantiene las mismas formas y proporciones de la primera generación, con ese formato cúbico que le dio tanto éxito. Diseño que no deja de penalizase a la hora de la conducción rutera, dado que no tiene el mejor coeficiente aerodinámico (Cx) y, por lo tanto, sus consumos no son acotados. Otro dato: por primera vez en la historia del modelo, ahora viene con carrocería de 4 puertas, siguiendo los pasos de marketing de Jeep con el Wrangler. El diseño cuadrado, como en sus inicios, es su signo de distinción, con una trompa importante y un capot con dos músculos a ambos lados que le otorgan mucho carácter y fortaleza. En la parte trasera tiene techo de doble altura, similar al Land Rover Freelander (no olvidar que esta marca inglesa estuvo bajo el paraguas de Ford durante 11 años, desde 1999 hasta 2010). El portón trasero es vertical. A la pista Pero más allá de las reminiscencias sesentistas y su personal diseño, esta versión Wildtrak del Bronco se luce muy bien en el todoterreno. Primero las medidas: despeje al suelo 223 mm que, a su vez, le permite ofrecer buenos ángulos para el off-road, 30° de entrada, 33° de salida, 20° de ventral, además de 600 milímetros de capacidad de vadeo. Luego el equipamiento, donde la clave está en el sistema de tracción que es el corazón y el cerebro en la conducción off road moderna, dado que es el encargado de repartir la fuerza del motor entre los ejes y las ruedas según los ángulos de curvas, la velocidad y la adherencia del piso. Así, posee tracción integral de acople automático, con modo lock (reparte 50/50 adelanteatrás, hasta los 80 km/h), y el sistema de gestión de terrenos agrupados en otra ruedita denominada GOAT (Goes Over Any Terrain, por sus siglas en inglés, “pasa por cualquier terreno”, y que también es un acrónimo que significa cabra, un animal trepa dor si los hay) que incluye 7 modos de manejo para transitar por todo tipo de superficies: Normal, Eco, Deportivo, Lodo, Resbaladizo, Arena, y Rocas. Estos modos intervienen en la gestión el motor, en el sistema de tracción, en la caja, en la dirección y en los frenos para adaptar la respuesta del vehículo a diferentes usos, situaciones y terrenos. Pero el más importante es el bloqueo del diferencial trasero, el cual le posibilita trepar en condiciones difíciles. También dispone de Trail Control, sistema que permite avanzar, frenar y acelerar de manera casi autónoma, circulando a muy baja velocidad, en terrenos difíciles como roca. Por su parte, la suspensión delantera tiene, además de buenos recorridos, topes hidráulicos para amortiguar ante una compresión excesiva producto de una caída brusca del vehículo. Se trata de un modelo original y con personalidad. Una personalidad bien yanqui por el tipo de diseño, por la contundencia de su rendimiento mecánico y por varios toques de comodidad como para no olvidar el “estilo americano de vida”. Agradecimiento a: Campo de la 6, pista de off-road.

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