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Weekend - 2021-06-01

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Grandes flechas sigilosas.

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Por Marcelo Albanese.

Relevamos la laguna La Arenera, en la zona de Claromecó, donde obtuvimos pejerre-yes que superan el kilogramo. Técnicas, secretos y sectores más rendidores. Continuando el recorrido por diferentes ámbitos lagunares, nos fuimos en busca de los flechas de plata a un lugar donde tendríamos que desempeñar nuestra astucia y experiencia para dar con mañosos matungos. Estamos hablando de la laguna La Arenera, un espejo de unas 550 hectáreas en forma alargada a pocos kilómetros de Claromecó, ubicado entre los médanos en dirección al salto Tres y Medio, como lo conocen los pescadores deportivos. Se accede por camino entoscado en buen estado, indicado mediante un cartel de señalización. Luego de haber recorrido 590 km desde Capital Federal por RN 3, en Tres Arroyos nos esperaba Santiago El Flaco Iriarte, nuestro invitado de la jornada, y desde allí seguimos rumbo a este magnífico espejo para encontrarnos con parte de la comisión directiva del Club de Pesca Claromecó y otro amigo: Mario Losada. Los equipos Luego de realizar la maniobra de botar la embarcación al agua, dimos paso al armado de nuestros equipos de pesca. En esta ocasión utilizamos cañas telescópicas de 4 a 6,30 m compuestas de grafito elástico, ultralivianas, equipadas con reeles rotativos y frontales con multifilamento del 0,18 mm y líneas de tres boyas tramposas con nudos corredizos. En diferentes gamas de colores y modelos, lo ideal es utilizar boyas ping pong N° 30 o 50 para que gareteen. Otro de los aparejos que rindió muy bien fue el paternóster, conformado con tres anzuelos y un plomito de 10 g para que la línea se desplace al garete. Los anzuelos: N° 1/0 y 2/0, ya que los peces de este ámbito son de boca grande. En cuanto a las carnadas utilizadas: mojarras vivas grandes, magrú fileteado, anchoa, dientudo o filete del mismo pejerrey, aunque también andan bien los teñidos en diferentes colores. La jornada comenzó bien soleada, por lo que navegamos rumbo a la zona de la isla donde realizaríamos los primeros intentos. Movimientos sigilosos Llegados al sitio elegido, lo ideal es parar el motor y, con los remos o una vara botador, alejarse unos 100 m y, desde allí, anclar correctamente la embarcación para pescar cómodos. La característica de este espejo es que brinda calidad en los pejerreyes que se obtienen, pero hay que trabajar y tratar de hacer el menor ruido posible en la embarcación. Es un gran reto para los aficionados que la visiten. El paso que siguió fue encarnar los aparejos, lo que hicimos combinando una mojarra grande con un filete de dientudo al natural o teñido, colgado de una sola pasada en el anzuelo, o bien un magrú o filecito de anchoa atado con hilo elástico. Mientras lo hacíamos, ya podíamos divisar una gran población de pejerreyes en superficie. Y aquí el primer detalle: la particularidad de este ámbito es que tenemos que esperar la pasada del cardumen y no desesperarnos para tener respuestas de inmediato en nuestros aparejos. Por lo tanto, no es aconsejable moverse continuamente de lugar en lugar. Comenzamos con los primeros lances, tanto con líneas de flote como barranquín, con la idea de ir sondeando a qué profund idad se encontraba comiendo el peje. En cuanto a las líneas de flote, hubo que ir trabajando en forma constante con las brazoladas de los aparejos hasta dar con los flechas de plata: los piques se produjeron a una profundidad de 10 a 40 cm de la superficie. Comenzó la acción Martin Gregorini fue quien dio comienzo a la jornada con la primera captura, que acusó una suave corrida en una de las boyas, momento en que nos pusimos ansiosos por ver a los peleadores matungos que se habían hecho desear hasta el momento. Al acercarlo a la embarcación, aseguramos la pieza con un copo de por medio y vimos que era un lindo ejemplar, por arriba del kilogramo de peso. Al instante otro de los piques se dio en la línea de Alan Gregorini, quien concretó otro voluminoso matungo, esta vez en la línea paternóster, pez que tomó la carnada a unos 80 cm de la superficie y que se encontraba vigoroso y muy activo. Obtuvimos varias piezas en este sector, pero a medida que el pique fue mermando, decidimos cambiar de lugar para testear otros sectores del ámbito. El reloj nos marcaba las 12 del mediodía cuando nos corrimos en dirección a la casilla de entrada a la laguna, pero casi sobre la costa contraria, para anclarnos dentro de una bahía, lugar donde degustamos una rica picada para luego continuar buscando a los sigilosos flechas de plata. Tarde de matungos En el nuevo sector escogido podíamos divisar mucha actividad de peces, por lo que apostamos a que estábamos en un buen lugar de pesca. Encarnamos nuevamente los anzuelos, y aparejos al agua. Los piques llegaron al instante en las líneas de Gustavo Gregorini y de Santiago Iriarte, con corridas suaves en las boyas, pero bien marcadas. Aquí el pique se afirmaba cuando se concretaba la acción, dejando una explosión en el agua y las corridas de los flechas en los aparejos que iban de un lado al otro, lo que nos dejaba gran adrenalina. Los portes aquí fueron variando, aunque predominaban las piezas de 800 g a 1,300 kg. Clave a tener bien en cuenta es que el pique es muy remiso. El pejerrey toma la carnada y larga, y es en ese momento que tenemos que estar muy atentos y no apurar la acción, sino trabajar con el reel abierto, dejar que lleve la carnada y que no encuentre resistencia del otro lado de la línea. Si eso sucede, perderemos el pique. Otro que logró varios ejemplares que superaron el kilogramo de peso encarnando con mojarras grandes fue Mario Losada, amigo oriundo de la zona y gran conocedor de este ámbito, con quien compartimos la jornada. Dato a tener en cuenta: aquellos aficionados que quieran practicar la pesca de costa, tendrán que caminar para encontrar los mejores sectores. Uno de los más rendidores es La Isla, donde se dan buenas capturas. Ahí habrá que hacer los lances con aparejos de fondo. Otra modalidad que se puede practicar en esa zona es el vadeo en diferentes puntos de la orilla, donde hay sectores de suaves barrancas y fondo arenoso. Sin duda, un lugar apto para disfrutar de jornadas en familia y llevarnos grandes f lechas en la conservadora.

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