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Weekend - 2021-06-01

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Donde el espíritu se renueva.

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Por Federico Svec.

El Nevado de Cachi es la montaña más alta de la región de los Valles Calchaquíes. Conformado por nueve cumbres, se encuentra dentro de la provincia de Salta. Una de esas nueve es la Hoygaard, de 6.200 metros, nuestro objetivo en esta ocasión. Para acceder a la montaña teníamos que llegar primero a la localidad de Cachi, ubicada a 155 km de Salta capital. Y elegimos para hacerlo la Ruta Provincial 33, aunque existe también la posibilidad de hacerlo por la Ruta 40. En el camino a Cachi encontramos dos grandes atractivos: la Cuesta del Obispo, con sus 20 km vertiginosos de camino que unen el Valle de Lerma con el alto Valle Calchaquí, superando un desnivel de más de 2.000 metros. Y la Recta de Tin Tin, un trazo recto perfecto de 19 km que existe para la historia desde el año 1.500, cuando el Imperio Inca abarcaba esas latitudes. Origen del nombre La imponencia del nevado y la belleza del poblado de Cachi sensibilizan desde el vamos a los viajeros que acceden a esta región. Cuenta la historia que la palabra Cachi proviene del kakán, lengua utilizada por los diaguitas que habitaban estas geografías. Vendría de las palabras “kak” (peñón, piedra o roca) y “chi” (silencio, soledad). El pueblo, con un marcado estilo colonial, se muestra muy cuidado, con viejas casas de adobe pintadas de blanco y calles empedradas. La plaza es muy pintoresca al igual que la iglesia, declarada Monumento Histórico Nacional. Sin dudas, del circuito de montañas de la Argentina, éste es el pueblo base más encantador. La aproximación Adentrarse en esta impresionante montaña es toda una aventura. El pico Hoygaard, de 6.200 m de altura y segundo en altitud de este cordón fue nuestra elección. Coronar su cumbre demandó superar casi 3.000 metros de desnivel y caminar más de 15 kilómetros. Elegimos la ruta Sureste o “Las Palias” e iniciamos el viaje en el paraje Hualco Hondo, al final de un camino de unos 20 km al Norte de Cachi, que atraviesa el fértil valle de Las Pailas, donde se aprecian restos de antiguos asentamien tos aborígenes. Este lugar es el ideal para pasar la primera noche y que el cuerpo comience a adaptarse a la altura. Inicio de la caminata En el primer día de trekking propiamente dicho debíamos superar un desnivel aproximado de 850 metros. El rumbo de la marcha fue hacia el noroeste. La pendiente aún no era importante, el oxígeno alcanzaba y el paisaje habitado por cardones dentro del corredor de altos filos daba el marco para una espectacular caminata. Después de unos 5,5 km llegamos a nuestro segundo campamento, conocido como Piedra Grande, a 4.160 metros de altura. Es un luga r suma mente sing ula r, donde la mole de una gran roca se destaca sobre el resto del paisaje. La formación cuenta con unos aleros que permiten usarlos como refugio. El más grande nos sirvió como comedor. Y si bien montamos un campamento con carpas, un par de integrantes del grupo durmió en esos huecos, pese a que los roedores transitaban con frecuencia, además de algún que otro alacrán. Al día siguiente preferimos no ga na r demasiada a ltura, solo unos 300 metros y llegar al sector de Piedras Bayas, a 4.480 m, un mirador natural desde donde se apreciaba imponente el glaciar del Hoygaard. Recién ahí los miembros del grupo tomaron conciencia del esfuerzo que iba a demandar coronar esta cumbre. Disfrutamos de alguna manera de un espartano almuerzo de travesía y regresamos a pasar la noche en Piedra Grande. Más cerca de la cumbre En el tercer día de trekking tuvimos que caminar 4 km para llegar al tercer campamento, un lugar conocido cómo Isla de Piedra, emplazado a 4.700 m de altitud. Encontramos una zona llena de vegas, con varios cursos de agua cristalina Millones de años sin modificarse llevaba este paisaje... Al día siguiente ya entraríamos en la zona de definiciones, los efectos de la altitud ya no eran una cuestión menor. El próx imo objetivo era el A nfiteatro Kühn, con sus 5. 20 0 m de a ltitud. L os caminantes cargaban con la ansiedad de saber cuántos podrían adaptarse a estas alturas y no tener que desistir por el apunamiento. De aquella tarde en el playón del anfiteatro no olvidaríamos lo difícil que fue armar las carpas. El viento más la falta de oxigeno hacía que amarrar un simple cordón tensor resultase un gran esfuerzo. No obstante, todos en el grupo estábamos con el mejor ánimo, listos y motivados para iniciar el ataque a nuestro objetivo al día siguiente. Día de cumbre E l qu i nt o a m a ne c e r f ue el más esp erado. E n f rent e nuestro se imponía desafiante la cumbre de 6.200 m. Tomamos la decisión de intentarla en una sola jornada, aunque existe la posibilidad de montar un campamento intermedio en la base del glaciar, a 5.600 metros de altitud. Muy temprano caminamos poco más de una hora hasta llegar a la espectacular pared del anfiteatro. La trepada nos llevó dos horas y el terreno presentaba sectores de acarreo que demandaban el doble de esfuerzo para avanzar. Allí arriba, en el borde de la pendiente, la salida del sol nos traía otra vez esa mezcla de adrenalina, sensación de frío, el impacto de la hipoxia y las cosquillas en la piel ante la emoción de tan increíble paisaje. Lo que restaba, como muchos dicen, fui subir con el corazón más que con las piernas. El esfuerzo parecía no servir de nada y cada paso era una proeza. Estábamos muy cerca, teníamos el glaciar a nuestra izquierda, pero la verdadera cima no se dejaba ver: dos o tres lomadas resultaron falsas cumbres hasta que, finalmente, apareció una tapizada de curiosas formaciones blancas y descubrimos que allí estaba el montículo que sostenía un tubo que guardaba una vieja bandera. Podíamos ver el pico El Libertador que, con sus 6.380 metros es la altura maxima del Nevado del Cachi. El descenso fue sumamente difícil. Otra vez comprobamos que siempre hay que reservar el 50 % de las energías para bajar. El gran problema en las montañas es que muchos se olvidan que llegar a la cima no es el final del desaf ío, ni siquiera lo más importante, lo que vale es llegar de nuevo al campamento base con las propias piernas, el cuerpo lo más intacto posible y la mente consciente. Recién entonces podremos sentir el verdadero placer de coronar una cumbre importante.

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