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Weekend - 2021-09-02

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Carpas plus size.

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Isla Paulino es un ámbito cercano y rendidor, con ejemplares de gran tamaño a solo un breve cruce de lancha en el Río de la Plata. Sin dudas, una de las pescas que más desarrollo y crecimiento de aficionados ha tenido en las últimas décadas es el carp fishing o pesca de carpas. La versatilidad de este súper pez capaz de colonizar diversos ámbitos, adaptarse a distintas circunstancias y alimentarse prácticamente de todo, hace que lo encontremos en casi todo el país, pues hace rato superó la barrera del frío que lo llevaba a no trascender más allá del río Colorado y hoy lo tenemos hasta en los fríos lagos y ríos patagónicos. Tabú para muchos pescadores y ambientalistas, es objetivo central de otros más que simplemente de disfrutan la búsqueda de un gran pez que –en general– puede darnos un trofeo a menos de 100 km de donde nos encontremos, dada su amplísima distribución. Así las cosas, la geografía bonaerense y el Río de la Plata son los escenarios más frecuentes para su pesca, y no solo por la presencia fuerte de este pez, sino también porque esta zona del país concentra la mayor densidad poblacional. Longeva, sin enemigos naturales por ser pez invasor, arquitecta de ecosistemas, la carpa se ha adaptado muy bien a vivir en el Río de la Plata, donde existen puntos de concentración de los mejores ejemplares, normalmente asociados a puertos con grandes profundidades, con canales dragados, como los de Buenos Aires y La Plata. Estos ambientes portuarios son pródigos en alimentos para este omnívoro voraz, pero de hábitos alimenticios cambiantes (lo saben muy bien los pescadores que a veces las tientan con masas picantes y en otras solo con dulces). Hacia el puerto platense fuimos por ellas, en la salida del río Santiago, sobre el malecón de piedras de la Isla Paulino, al que accedemos tomando una lancha en el puesto de Prefectura Monte Río Santiago, a la salida del puerto de La Plata, allí donde se reportan los guías de Berisso cada vez que hacen una salida de embarcados. Se llega desde Buenos Aires por Autopista La Plata y, al finalizar el trazado, tomar desvío a la izquierda en dirección a Punta Lara. Al llegar a la costa, virar a la derecha y seguir el camino a Base Naval Río Santiago. Al finalizar en Prefectura Monte Río Santiago, a la derecha tendremos el camping Dos Islas. Tras dejar el auto a buen resguardo, embarcamos en un catamarán para hacer el cruce a la isla, en apenas cinco minutos de navegación muy segura y en una embarcación apta para llevar muchos bultos, dado que en la escollera hay que proveerse de todo lo necesario para pasar el día. Desde la base, hay unos 800 metros hasta la punta del espigón, caminando por un malecón de rocas en los laterales y un camino liso pero con unas piedras con huecos que obligan a mirar constantemente donde pisamos. Como dijimos, hay que llevarse todo: alimentos, bebidas, carnadas, equipos de pesca y contemplar el peso a traer si decidimos volver con pescado. Por eso conviene ser muy precisos en el equipo a llevar y no cargarse innecesariamente. Entre paredones de piedra Este malecón se enfrenta a otro que corre de manera paralela, separados por unos 300 metros, y entre ambos protegen de la entrada de arena y sedimentos el ingreso al puerto de La Plata. Ese canal dragado hecho por el hombre es punto de concentración de carpas gigantes. Allí se usan para esta pesca equipos de medio lance, pues hay que arrojar plomadas de hasta 100 gramos a unos 40 metros, aunque existe quien arriesga con otros más livianos, pescando a unos 15 metros de la orilla, tirando casi a la caída de las piedras (con el consecuente riesgo de enganches). Es vital mantener el tiro siempre a la misma distancia, así iremos cebando un área determinada que concentrará a éstos omnívoros de gran olfato. El pique se manifiesta con una llevada franca, esa bajada de caña con la que sueña el pescador. El poder de los ejemplares es soberbio, por lo que se recomienda tener la estrella floja para permitir la llevada y poner las cañas sobre posacañas que las tengan firmes para evitar caídas y roturas, o que directamente el pez nos arrebate el equipo de pesca. Hay carpones de hasta 14 kilos al alcance de cualquier novato, pues esta pesca no implica grandes exigencias técnicas y el pez tiene una boca blanda donde prácticamente se clava solo con una mínima tensión en la llevada. Las peleas son épicas y vimos a varios noveles debutar con el pescado de su vida en este sitio, aprovechando las facilidades que da esta especie glotona que, cuando se larga a comer, premia a todos. La zona más frecuentada por los habitués está hacia el centro de la escollera, siempre del lado interno del canal. En tanto, del lado exterior, algunos aficionados que probaron tirando al peje de fondo con líneas de dos anzuelos tuvieron suerte con algunos ejemplares medianos. La contra del lugar es que en fines de semana y feriados se concentran muchos aficionados, que no siempre son respetuosos del pescador de al lado o no cuentan con equipos adecuados. Así, alguien que despliega un arsenal de cañas sin atender bien a ninguna, seguramente ocasionará incordios con sus vecinos, y mucho más si usa plomadas muy livianas que son arrastradas por la corriente enredando al aparejo del pescador de al lado que está haciendo las cosas bien y tiene su línea trabajando correctamente. Entre semana, hay posibilidad de espaciarse y se evitan estos roces. Por lo demás, aquí debemos ir en un mínimo de dos o tres pescadores, pues mientras uno pelea una pieza otro debe asistirlo bajando a la piedra a copearla. Una pieza fundamental Hablando de copear, justamente es menester llevar un buen copo –preferentemente de mango extensible– para terminar la batalla cuando el ejemplar está cansado. Hay que ser certero en esta maniobra pues vimos perder grandes ejemplares que escaparon de la red justo al intentar levantar la pieza, rompiendo líneas. Lo bueno es que aquí todas las carpas que hemos visto han sido plus size, dado que pasaron holgadamente los 4 o 5 kilos, y de allí para arriba, siendo la más grande que registramos una de 10 kilos lograda por una pescadora acompañante de su pareja que era la primera vez que visitaba el lugar. Cañas de medio lance con reeles medianos es lo que más se ve, sumando posacañas para evitar que se dañen entre las rocas. Pero hay pescadores más avezados en carpfishing que usan equipos de puntas mucho más blandas, que permiten disfrutar más la pesca, pero que nos dejaran cortos de tiro si el pique se aleja más allá de los 30 m de la escollera. En cuanto a las masas, podemos estar pescando con una simple hecha con 60 % de harina de trigo y 40 de maíz, amasada con esencia de vainilla y usada cruda. Pero también van muy bien los harinados comerciales –existe una competencia cada vez más fuerte en este tema– amasados con agua del lugar, con o sin agregado de batata, huevo u otros elementos aglutinantes. Cerca, a pie seco y sin gastar demasiado, las grandes carpas de Berisso en la isla Paulino desafían a quien quiera ir por ellas. Prepárese para largas batallas, pero – como dice el tango– primero “hay que saber sufrir”, así que también hay que predisponerse a largas caminatas. Vale la pena conocer este ámbito, pues en verano, especialmente en el morro, se dan las mismas grandes bogas que hicieron célebres a los malecones de Berisso, sumando muy buenos dorados con boyas o señuelos.

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