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Weekend - 2021-09-02

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Fuera de ruta cerca del límite

4X4

Textos y fotos: MARCELO FERRO

Tres días de travesía a través del desierto blanco de Villa Pehuenia, próximo a la frontera neuquina con Chile. En el camino, dos lagunas congeladas, una aduana abandonada y almuerzos bajo bosques de araucarias. Nunca había escuchado la palabra cerúleo. Significa azul cielo, como el color de los lagos Moquehue y A luminé. “Supongamos que te perdés –se entusiasma Martín Capel–, ¿cómo sabés en cuál de los dos estás? Porque este –señala a su derecha el Moquehue– se encuentra rodeado de araucarias, mientras que al Aluminé lo circundan mayormente bosques de pino exótico introducidos por el hombre. Así de simple”. Martín es quien desde hace 11 años gerencia Melewe, una cálida hostería de troncos en el corazón de Moquehue, a 20 km de Villa Pehuenia por el ripio de la Ruta 13. Allí todo es artesanal y elaborado en familia: desde la lasagna de cordero que en este momento humea sobre la mesa frente al hogar a leña con vista al arroyo Quillahue, hasta el pan –calentito– de harina de almendras, los dulces de arándanos del desayuno, y la mousse de limón y chocolate blanco, uno de los tantos postres que festejamos en la cena. “Lo único que no elaboramos es la manteca”, celebra Martín. Este punto estratégico, bien calefaccionado y con espacio para estacionar más de 15 camionetas sería la base de la organización de Mainumby4x4 para la travesía fuera de ruta de los próximos tres días, aunque la aventura comenzaba esta noche con información técnica de conducción en nieve (ver recuadro) y la entrega de obsequios para los participantes. Bandera de largada Minutos después de que las primeras luces del amanecer se reflejaran en un salón comedor aromatizado con ese blend matutino que solo logran el pan tostado, el café recién elaborado, la madera añeja y un paisaje nevado pintado para la ocasión, Verónica Romaña –directora de Mainumby4x4– puso en marcha su SW4 y ordenó la caravana en la calle. “Recuerden los consejos de ayer y no olviden su almuerzo para la travesía: pollo rebozado con papines a la crema; lleven también su marmita, calentador, agua, equipo de mate, sillas, cubiertos y abrigos”, arengó por VHF. Todos los participantes habían recibido la noche anterior un handie para estar siempre comunicados en travesía y escuchar las técnicas de conducción a aplicar en cada momento, a lo que se sumarían los relatos del guía local acerca de historia, geografía, leyendas y misterios de la zona fuera de ruta que transitaríamos cada una de las tres jornadas. “Nos vamos…”, cerró por la radio cuando observó que la fila de 11 camionetas con 38 personas a bordo ya estaba formada frente al arroyo. Algo de historia Villa Pehuenia y Moquehue son dos aldeas de montaña jóvenes, tal vez de las más recientes del país en las últimas décadas: se conformaron en 1989 –hace apenas 32 años–, pero eso no sig n if ica que la reg ión sea territorio virgen. Desde hace 10.000 años el valle estuvo poblado por pueblos cazadores y recolectores que dieron origen a la cultura pehuenche. Y antes de la Conquista del Desierto, el negocio entre criollos y mapuches fluía de manera activa. Ya en el Siglo XX se estableció por estos lares un estanciero de Necochea –Julio Arce–, quien fue uno de los primeros pobladores oficiales de la zona y el precursor en utilizar el Paso del Arco (derivado de “Paso de Arce” y para siempre mal registrado en la toponimia y cartelería por un error gramátical) para vender ganado en Chile. Con el transcurrir del tiempo, el Gobierno Nacional le adjudicó tierras a las comunidades mapuches Puel y Catalán, con quienes podemos cruzarnos en comercios y calles. Sin embargo, la consolidación de Villa Pehuenia como destino llegó con la explotación forestal de pinos, especie que creció desmesuradamente en detrimento de la araucaria o el pehuén, árbol típico del lugar del que derivaría el nombre de la localidad. A partir de esta actividad muchas familias decidieron afincarse en la zona, y ello llevó al crecimiento poblacional y turístico, con múltiples actividades de aventura para disfrutar (¡hasta un centro de esquí administrado por la comunidad mapuche: Batea Mahuida!). Abriendo huellas en la nieve Dejamos atrás la Ruta 13 con un giro a la izquierda para conectar con un camino que nos depararía dos tipos de vadeos: de barro y de agua. La meta era Paso del Arco, un lugar fronterizo de vieja data que no se encuentra habilitado en la actualidad, pero que cuenta con un puesto de control de Gendarmería Nacional debido al contrabando cordillerano. Hasta allí no llegaríamos, el atractivo es el viejo edificio de la aduana de Paso del Arco, ubicado a pocos kilóme tros, sobre lo que alguna vez fue la Ruta Nacional 12, y que hoy es apenas una huella en este desierto de nieve que las primeras camionetas de la caravana se encargan de ir pisando para que todas las demás puedan pasar. Tras su cierre, durante la época del conflicto argentino con Chile (1978) el edificio fue utilizado como blanco para la práctica de la artillería del Ejército, por lo que su deteriorada belleza estética se convirtió en un convocante atractivo off road. Estacionamos a metros de lo que alguna vez fue una ventana a través de la cual observamos la chimenea que 100 años atrás exhaló el humo de un hogar a leña. No hay techo ni piso ni paredes, casi. Dejamos volar la imaginación. ¡Qué mejor lugar para detenernos a almorzar ese calentito pollo con papines a la crema que desde el desayuno traemos a bordo! (Las otras dos comidas en travesía las realizamos: una sobre el blanco manto níveo camino a la laguna Corazón y la otra bajo un solitario bosque de araucarias perdido en la inmensidad. ¡Todos dignos de envidia!). Muy buen equipo Debido a que para conducir en la nieve es necesario bajar la presión de los neumáticos, destalonar es casi inevitable. Para cuando caía el sol de cada día lo habíamos experimentado no menos de tres o cuatro veces. Sin embargo, gracias al conocimiento de la organización y a la solidaridad del grupo, re-entalonar resultó siempre muy rápido. El proceso era así: a través del handie una camioneta alertaba a otra de que iba en llanta. Marcelo Gagliardi se acercaba con su Hilux y, junto a Gonzalo Castillo, colocaba un crique inflable debajo de la camioneta en llanta. Mientras tanto, Nicolás Menna limpiaba y reacomodaba la cubierta, al tiempo que Emanuel Seitz conectaba el compresor. No era el cambio de neumáticos de una carrera de Fórmula 1, pero en menos de 15 minutos estábamos nuevamente en marcha gracias a la ayuda de estos participantes. La programación de la travesía fue similar durante los tres días: desayuno casero, off road controlado y seguro a través de huellas níveas para toda la familia (muchas con chicos), almuerzo en medio de paisajes dignos de postales, conducción técnica sobre nieve y barro, merienda en sitios paradisíacos, regreso a la hostería y cena artesanal. Un esquema muy bien planteado para descubrir lugares que muchas veces no figuran en los mapas y que las agencias de turismo no tienen en sus programas, como las lagunas congeladas Corazón y Batea Norte, el hito fronterizo argentino-chileno a unos 1.600 msnm, la aduana abandonada o los frondosos bosques de pinos y araucarias. Recorridos 4x4 sustentables, ya que desde la organización se pregona ir todos por la misma huella sin pisar más nieve de la necesaria y sin dejar rastros ni desperdicios. “Ser respetuosos de la naturaleza, del entorno y de los demás hace a la buena práctica off road”, recalcó Verónica Romaña más de una vez. Inicio de amistades En el desayuno del último día comprobé que las vivencias que se experimentan a bordo de una 4x4 son indelebles. Dar los primeros pasos de conducción en nieve, encajarse (y salir), utilizar –o ver cómo se utiliza– el malacate, encarar vadeos y trepadas y compartir el trabajo en equipo arremangado en el barro forja amistades pasionales y duraderas. En la despedida los choques de puños –saludos legados del C ov id– ven ía n acompañados de un “cuándo es la próxima travesía” o “pongan fecha para el asado”, lo que me llevó a evocar una frase que alguna vez escuché: “Un viaje se mide en amigos, no en millas”. Y eso es lo que sucede con las travesías de Mainumby4x4: el grupo de participantes es cada vez más grande, porque no se va a medir contra terrenos, camionetas o compañeros ocasionales, sino que va en búsqueda de vivir una experiencia diferente a través de nuevos paisajes. De hecho, “muchos son principiantes y es la primera vez que se suman a una caravana, por lo que no tienen experiencia off road, pero sí ganas de aprender sobre la marcha y conocer lugares que sería imposible de otra manera”, la escucho decir a Romaña mientras felicita y despide a varias familias que se acercan a agradecerle lo bien que la pasaron. Cuando tomamos la Ruta 13 hacia Zapala el lago Aluminé estaba en calma, digno de la última foto panorámica para el recuerdo. Ojalá siempre se mantenga así para regresar por otras huellas que nos faltaron recorrer.

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