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Weekend - 2021-09-02

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Escuela de altura en Córdoba

AVENTURA

Textos: FEDERICO SVEC Fotos: ALTO RUMBO

La experiencia enseña que el contacto con la naturaleza es un gran remedio para los males de cuerpo y del espíritu. El turismo activo presenta grandes ventajas para moverse en la llamada nueva normalidad de la pandemia porque, desde siempre, se practicó en escenarios que además de bellos son amplios. Allí resulta sencillo evitar las aglomeraciones de gente. Además se busca para optimizar las vivencias y porque están limitadas a grupos reducidos. En el caso del senderismo, eso se aplica especialmente a los trekkings de altura, que implican el ascenso a una montaña y eventualmente coronar su cima. Al comenzar a practicar la actividad, uno entra en un mundo nuevo, el de los montañistas. Convertirse en montañista Forman una verdadera hermandad, similar a la de los marinos de altamar. Montañista se es para toda la vida y por eso todos los 5 de agosto celebran su día, pero, ¿qué enseña la montaña?, ¿qué aprende uno en esa escuela de altura? Al salir de nuestra zona de confort en un ámbito que nos desafía, nuestros cuerpos encuentran fuerzas donde creíamos que no había más... nuestras mentes siguen adelante y no se rinden ante una situación que parece imposible de sostener. Esto nos lleva a superar los límites que creíamos tener. El montañismo es una escuela de carácter contra la adversidad. Encontraremos una infinidad de situaciones, muchas imprevistas, que ayudan a templar el carácter de un montañista. Por dar un ejemplo, un cambio de clima repentino, algo habitual en la montaña, traerá el frío, el viento, incluso la nieve, aún en verano. Me tocó vivir una situación de viento blanco en diciembre, cuando la sensación térmica cayó a pique y la visibilidad se redujo prácticamente a cero con la nieve que volaba. Y había que seguir, encontrar la ruta de descenso, no quedaba otra. En esta nota vamos a hablar del inicio del aprendizaje, actividad que nos va a llevar a alturas que no llegan a los 3.000 metros, en las sierras cordobesas. Una experiencia para iniciarse La provincia de Córdoba, con su gran cantidad de sierras, ofrece una variedad de propuestas para empezar en el montañismo. En su geografía encontramos el conjunto más oriental de las Sierras Pampeanas, constituido por tres cordones fundamentales, aproximadamente paralelos entre sí y situados en su mayoría dentro de la provincia, con sectores en Santiago del Estero (serranías de Sumampa y Ambargasta) y San Luis. Están el Cordón Oriental, más conocido como Sierras Chicas; el Cordón Occidental, formado a su vez por tres cadenas (Guasapampa, Serrezuela y la Sierra del Pocho) y el Cordón Central, que corre entre los dos anteriores y a su vez se divide en tres sectores: la Sierra de Gaspar que termina hacia el Norte en las inmediaciones de Cruz del Eje, y por el Sur, pierde altura y se ensancha en la Pampa de Olaen y la de San Luis. Siguiendo hacia el Sur, están las Sierras de Achala hasta llegar al Champaquí, donde comienzan las Sierras de Comechingones, cuyo filo es el límite natural entre las provincias de Córdoba y San Luis. Todas estas sierras constituyen escenarios magníficos para iniciarse en el trekking de montaña, una actividad que originariamente comenzó en los Alpes y que se ha vuelto muy popular en todo el mundo. Primeros pasos Una montaña clásica para iniciarse es el cerro Champaquí que, con 2.790 msnm, es la más alta de las sierras cordobesas. Tiene varias rutas de ascenso: está la Ruta Normal, muy linda pero relativamente sencilla y en el polo opuesto está la más difícil: la Ruta de los Cuarzos. Sumando a la aventura el ascenso del Cerro Negro, la propuesta organizada “Champaquí Extremo” se ofrece a quienes quieran vivir un desafío mayor en solo tres días. Este es un verdadero filtro, quien pasa la prueba tiene vocación de verdadero montañista. La primera jornada comienza con el encuentro del grupo y los guías en la localidad de Los Hornillos, un pintoresco pueblo de Traslasierra. Luego continúa con el trekking de ascenso de la Cuesta de la Totora, en el sector de Achala de las Sierras Centrales. Empieza con pendientes suaves pero después se pone bravo. En el lenguaje montañero, una cuesta es una vía de ascenso que tiene una gran pendiente y justamente por eso cuesta subirla. En unos 8 kilómetros hay que superar un desnivel superior a los 1.000 metros y es realmente duro, teniendo en cuenta que vamos a cargar mochilas de más de 60 litros. ¡Un esfuerzo agotador para las piernas! Y en lugar del frío, en la temporada de primavera-verano puede tocarnos mucho calor, una dificultad no menor para sumar. El destino final del primer día será el campamento Ojo de Agua, una precaria tapera que a veces se puede usar o, cuando no, hay que armar carpas. En la segunda jornada nos espera un trayecto de 10 km. Llegaremos al filo de la cuesta, ingresaremos a la vertiente Este de las Sierras Grandes y descenderemos al valle del Tabaquillo. En este día el objetivo físico más importante es la cima del Cerro Negro (2.620 msnm). Para reponer fuerzas pasaremos la noche en el cómodo Refugio de los Domos, esencial para el exigente día que nos espera. En la tercera jornada encararemos el desafío de ascender al Champaquí por su ruta más difícil (Ruta de los Cuarzos) y luego descenderemos directamente hasta Villa Alpina, siguiendo la Ruta Normal. Un trayecto de nada menos que 28 km en la montaña, que pondrá bien a prueba nuestra resistencia. Quienes logren el objetivo, pasarán el examen de ingreso al mundo de los montañeros, aunque quedan todavía muchas clases de aprendizaje y un largo camino por delante. Esta es solo una primera prueba.

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