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Weekend - 2021-09-30

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Dorados más allá del delta

PESCA

Textos y fotos: JULIO POLLERO

Sabemos que el río Paraná se encuentra muy bajo y viviendo una difícil situación, lo que complica el encuentro de buenos dorados. Pero en Esquina la situación parecía no estar tan mal, por lo que decidimos incursionar en uno de los puertos más concurridos de esta región correntina, ícono de la pesca deportiva. Y para ello nos comunicamos con Matías Pavoni, guía y referente de la zona, quien nos adelantó que la actividad estaba muy difícil pero buena, sin pozones de fácil acceso como ocurre en el Alto Paraná, por lo que habría que trabajar mucho, pero que podíamos ir a intentarlo mediante un buen trabajo guiado. Párrafo aparte merece destacar que, como venimos observando en los noticieros, en las redes y escuchando en la radio, al río le están pegando una paliza terrible, por eso es fundamental tomar conciencia de esta bajante histórica y que todos los pescadores y amantes de la naturaleza cuidemos el recurso. Sabemos que resulta muy difícil que todos nos pongamos de acuerdo, pero tengo fe en que algún día se alinearán los planetas y todos iremos hacia el mismo lado. En cuanto a la pesca en sí, le damos la derecha a Matías, quien mediante sus conocimientos y scountings diarios nos hizo vivir jornadas de muy buenos piques y lograr excelentes tamaños de dorados, especie a la cual le dedicamos nuestros días allí. La idea era pescar solamente con artificiales, utilizando el spinning y baitcasting como modalidades excluyentes, y para esto llevamos cañas de entre 1,80 y 2,10 m, con acción de punta y potencias que iban de 14 a 20 lb (1 lb = 453,59 g), tanto para usar con reeles frontales medianos, los tradicionales huevitos o los de bajo perfil, todos con buena capacidad de carga y alto registro de freno, cargados con hilo multifilamento de 30 a 50 lb. Y en cuanto a la batería de señuelos, como siempre, llevamos todos los que teníamos, aunque algunos sirvieron más que otros. Cuando hay dudas, la premisa es que los únicos artificiales que nos van a servir son los que tenemos encima, no los que dejamos en casa. Y aunque el río esté muy bajo, no olvidar los de paletas que profundicen o paletas largas –las llamadas 3 o 4, por ejemplo–. Hoy en toda la zona del Paraná Medio no vamos a encontrar el famoso delta que tanto nos gusta recorrer, sino que nuestra navegación solamente se va a dar por el río Paraná y sus afluentes principales. Observaremos que los pintorescos arroyos que antes nos llevaban al corazón de alguna isla, hoy parecen calles de tierra. Así, con todo más o menos acomodadito, pusimos fecha y esperamos ansiosos que llegara el momento del viaje. Fue así que junto a mi compañero de pesca, Walter Masserdotti, nos juntamos una fresca mañana semanal para completar los casi 650 km que nos separan de la ciudad de Esquina. En una travesía muy placentera y transitando una Ruta Provincial 6 increíblemente en muy buen estado, llegamos a Río Lodge donde fuimos recibidos por Fanny Salas y Matías Pavoni, propietarios de este hermoso complejo de cabañas ubicado en el Km 677 de la Ruta Nacional 12. La temperatura era superior a los 30 grados, un calor tremendo, situación que no se repetiría en todos los días posteriores. La tranquilidad que depara este lodge es mágica. Mientras conversábamos con nuestros anfitriones fuimos acomodando los equipos y preguntando cómo serían las jornadas de pesca, a lo que el guía nos respondió: “Yo los guío, ustedes no dejen un metro de agua sin golpear con un señuelo”. Con una cena reparadora nos fuimos a dormir y a las 6 AM ya estábamos desayunando en el comedor del lugar. Cargamos todo en la camioneta de Matías y nos dirigimos hacia el puerto para bajar la lancha, donde nos encontramos con otros guías en iguales condiciones, prestos a salir. Una vez con la lancha en el agua, sorteamos el banco de arena de la salida y navegamos aguas abajo en busca de los primeros pesqueros. La primera idea fue probar algu nos bancos con los Gozio Arrow y Pirayú Pirá, señuelos con funciones de sliders que, traccionándolos a buena velocidad, suelen dar notables resultados. El primero en recibir respuestas fue Walter con un doradito de dos kilos aproximadamente. Así se dieron algunos piques más, pero el guía decidió moverse y probar algunos palos con señuelos de paleta 1 y 2. Allí los Raptor Rex y las Bananas Alfer’s hicieron algunas diferencias. Fui el primero en errar o perder un pique de un muy buen dorado que me dejó bastante alterado, pero sin perder las ganas de seguir buscando. De esta forma conseguimos un par de lindos dorados que tras las fotos devolvíamos con suma precaución a su hábitat. Lentamente fuimos dejando esa zona y nos metimos en el Ingacito, un río de muchas estructuras pescables donde el guía mostró sus dotes y sacó un hermoso dorado de ocho kilos. Por esa zona recorrimos varios lugares más, en las que pudimos realmente pescar muy bien. Segundo día El atardecer nos vio llegar a a Río Lodge, donde esperaríamos ansiosos la próxima jornada. Repetimos la escena de cenar en el centro de la ciudad y despertar nos nuevamente muy temprano, pero esta vez el día se presentaba muy distinto: frío polar y un viento de más de 50 km del SO, increíble pero igual había que salir. Nuevamente al puerto a bajar la embarcación y a prepararse para una navegación que no sería tan placentera como la del día anterior. Este viento se encajona en el río y nosotros debíamos enfrentarlo hasta llegar nuevamente a la zona del Espinillo, el Ingacito y demás sitios prometedores. El viento estuvo intratable durante toda la jornada, pero igualmente se podía estar a bordo y pescar sin sobresaltos, intentando hacer todo lo mejor posible. Acá nos iba a tocar pescar palos y algunas barranquitas. Es sabido que para una mejor postura de pesca se utilizan motores eléctricos para mantener la embarcación, tarea que en algunos sectores se tornaba bastante difícil, pero el guía hacía lo posible para sortear estos problemas. La intensidad del viento no nos dejaba castear de la mejor manera, apuntábamos a un lugar y el señuelo volaba hacia otro lado, algo que puede sonar como excusa, pero a lo que hay que acostumbrarse y tomarle el tiempo. El viento no es tan sencillo de domar, menos cuando viene en ráfagas inestables. En todo este recorrido fuimos pinchando dorados de diferentes tamaños, y algunos realmente muy buenos. Lo mejor vino cuando llegamos a un sector de varios árboles semisumergidos, donde nos esperaban un par de piques de los buenos: dorados de entre cuatro y siete kilos, realmente muy buena pesca a pesar del clima reinante. Sinceramente pasamos unas jornadas memorables y altamente recomendables a pesar de todo lo que esta afectando a la cuenca del Paraná Medio, entre otras zonas del litoral. Ojalá todo vaya cambiando para mejor. Bajante más pandemia, un combo desagradable de estos últimos dos años.

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