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Weekend - 2021-09-30

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Una nueva la conquista en la cordillera.

4X4

Por Marcelo Ferro.

Tres días de recorridos inéditos a través de montañas y pampas de los Andes mendocinos para descubrir minas abandonadas, construcciones jesuíticas, cascadas escondidas, fauna pocas veces vista y paisajes devenidos de otras eras. Además, gastronomía y alojamiento premium. Conquistar tiene una doble connotación: explorar y conseguir algo con esfuerzo. De eso se trataba esta travesía 4x4 por Uspallata, una localidad más conocida por el rafting y la aventura, y por ser base de quienes llegan hasta el Aconcagua, Puente del Inca o Las Cuevas. No existían antecedentes de caravanas de camionetas organizadas que surcaran la cordillera por los mismos lugares por los que el General San Martín lo había hecho 200 años antes. Y ese fue el desafío de Mainumby4x4: abrir huella en Los Andes con la ayuda de guías locales, huellas que seguramente otros seguirán para poner al descubierto la misma belleza virgen off road que disfrutamos durante tres días. El río Mendoza y los arroyos San Alberto y Uspallata flanquean esta última ciudad homónima situada en el departamento de Las Heras, a unos 2.039 m sobre el nivel del mar, que se encuentra atravesada por la RN 7 y es, además, el Km 0 de la RN 149 que la une con las localidades de Barreal, Tamberías y Ca lingasta, todas de San Juan. Sin embargo, “para el recorrido que hoy emprendemos no hay ruta”, se escuchó modular por los handies proporcionados por la organización a cada camioneta. Y así fue como, a poco de andar, dejamos atrás la RP 52 (ex RN 7) para adentrarnos en las tierras de los jesuitas, Darwin, los aborígenes huarpes y la campaña del Ejército Libertador. Todo junto compactado bajo la huella que dejaban los neumáticos al pasar: una síntesis fáctica de cinco siglos de historia. Minas de Paramillos (diminutivo de páramo) es considerada la primera explotación minera de plomo, plata y zinc de la República Argentina, y una de las más antiguas e importantes de lo que fue el Virreinato del Río de La Plata. Si bien la línea del tiempo ubica su descubrimiento en 1638, se estima que previamente habían sido explotadas por los huarpes y los incas, y hasta hay antecedentes de que el clérigo chileno José María Quiñones las descubrió en 1595 y se las donó a Eugenio Martínez, en ese entonces cura de Mendoza. A mediados del siglo XVIII trabajaron aquí más de 4.500 aborígenes durante intensos 30 años. Ellos realizaban perforaciones en la roca (sistema chif lón), descendían a través de orificios mínimos y regresaban a la superficie cargando un capacho de cuero en el que acarreaban las rocas impregnadas de minerales. Plateado porvenir Después de la expulsión de los jesuitas –1767– la mina quedó abandonada, pero décadas después volvió a renacer con españoles –primero– e ingleses –después– hasta que, a partir de 1885, se hizo cargo la Sociedad Exploradora de Paramillos de Uspallata, que llegó a descubrir más de 40 vetas, en muchas de las cuales extrajo hasta cinco kilos de plata por tonelada de roca (para dimensionar, digamos que una mina de oro es rentable cuando se extraen cinco gramos por tonelada). Las construcciones a las que llegamos con las camionetas corresponden a una edificación conocida como “Pique del Gobernador”, un pozo vertical de 90 m realizado en 1888 del que se sacaba el mineral que, acto seguido, se transportaba a una planta ubicada a pocos metros, donde se hacía la separación por decantación y posterior molienda. Si bien no podemos ingresar, nos cuentan que bajo nuestros pies hay más de 10.000 túneles y galerías subterráneos. El dato curioso del lugar es un crucifijo metálico rodeado de flores de plástico, herraduras y diversos tipos de ofrendas. Según la tradición, en 1895 la policía mató allí a Juan Cubillos, conocido popularmente como el “gaucho Cubillos”, un cuatrero chileno que robaba para vivir y – dicen– repartir entre los más necesitados el producto de su botín. Algo así como un Robin Hood que muchos fieles convirtieron en un santo popular al que visitan para pedirle ayuda, ya que le atribuyen poderes milagrosos. Historia local tan interesante como un cartel oxidado que la evoca a los pies del lugar de los hechos (Cubillas no está enterrado aquí) y nos cachetea en medio de la soledad: “Q.E.P.D. 9 de febrero de 1856”. Entender cambia el paisaje Avanzamos detrás de la camioneta de Mainumby4x4. Compruebo sorprendido que el guía tiene un GPS mental: sin tecnología ni conexión a satélites traza mejores recorridos que Waze un día de piquetes en el Obelisco porteño. “Llegamos al Bosque de Darwin”, explica mientras camina hacia un monumento en memoria al explorador inglés, erigido en el lugar donde Charles descubrió las primeras araucarias petrificadas en posición de vida de Sudamérica, en 1835. Arboles fósiles que datan de 230 millones de años de antigüedad (Período Triásico) y de los que mucha gente –lamentablemente– suele llevarse trozos como souvenir. La parada es breve pero repleta de datos precisos y sorprendentes, y es apenas la segunda explicación de muchas más que tendremos por delante respecto de la historia y geografía del lugar. Sin duda, desafiar terrenos en 4x4 es emocionante, pero comprender lo que uno ve le aporta un toque de distinción que enamora a los viajeros y diferencia a los organizadores. Decir que una parte de Uspallata se parece a la alta meseta tibetana del lado norte de los Himalayas puede parecer pretencioso. Sin embargo, a través del V HF se escuchó al guía modular: “Por acá no solo estuvieron San Martín y los jesuitas, sino también Brad Pitt en los ‘90 filmando la película ‘Siete años en el Tíbet’, ya que la orografía se parece mucho a la de la región china que llaman el ‘techo del mundo’ por sus altas cumbres, precisamente donde está el monte Everest”. ¡Asombroso! La película estrenada en 1997 es un drama histórico estadounidense y está basada en el libro del alpinista austríaco Heinrich Harrer de 1953, en el que se narra sus experiencias en aquella región finalizada la Segunda Guerra Mundial (1944). “Por esta zona atravesó una de las columnas del Ejército de Los Andes cuando se inició la epopeya libertadora del sur del continente, en 1817”, continuó la radio. Para respirar ese misticismo vamos a almorzar en un puesto de Cuevas del Norte, donde está certificado que San Martín estuvo en persona. Allí nos espera Diego López, un ex cabo primero enfermero veterinario, dueño de varias hectáreas de tierra y de uno de los puestos adelantados de aquel viejo ejército. De su propia voz escuchamos anécdotas y palpamos los vestigios de las ruinas que no llegaron a ser: la vetusta construcción fue reconvertida en restaurante, donde se saborean terribles asadazos y donde a las empanadas fritas (esas deliciosas que chorrean jugo) se las llama pa stelitos. De postre, v isita a una cascada oculta a la que sólo se llega caminando sobre hielo, tras atravesar túneles de viento encajonados entre paredones de piedra que culminan en un vacío donde el agua no congelada se catapulta y rompe en gotas que se arremolinan y salpican suavemente. Experiencias inolvidables La travesía continúa por pampas con vistas infinitas que en más de una ocasión ponen de manifiesto al A conca gua(6.962m)olap articular nube que casi siempre corona su cumbre. Hay que trazar huellas por lugares vírgenes, hay maniobras finas que, con las indicaciones del guía resultan impecables, aparecen trepadas de mucha adrenalina, conducción técnica sobre roca (que se enseña en el lugar), y avistaje de cóndores y guanacos. ¡Ah! También hay bondiola al disco elaborada al pie de la cordillera por Patricio Monza –uno de los pilotos–, secundado por el resto de los participantes. De esta manera, día a día fuimos descubriendo paisajes increíbles, como la Quebrada del Telégrafo, llamada así porque es la que se usó para traer la comunicación cuando empezó a funcionar el ferrocarril, en 1891; las minas de talco y las de fluorita, de donde se ex traía flúor para la fabricación de dentífricos y de las primeras vajillas de porcelana; el Cerro de los Siete Colores, formado por rocas metamórficas que deben su paleta cromática no a los minerales sino a las cenizas volcánicas que se depositaron y fueron enfriando asin crónicamente. Más descubrimientos También recorrimos el cerro El Sapo, donde curiosamente no hay sapos (el nombre derivaría de un reptil llamado matuasto), pero sí hubo un proyecto minero que se abandonó; el Plan Cordillerano, un ambicioso intento exploratorio de la década del ‘60; y un tramo de sierras por donde pasó el rally Dakar en 2009, 2010 y 2013, para finalizar en El Barrealcito, una pampa de suelo liso en el que las camionetas se sacaron las ganas de rodar a velocidad, maniobrar y levantar polvareda. Sin duda, los grandes momentos suelen tener prólogos insignificantes. Y Uspallata es la metáfora perfecta de ello. Nadie la había recorrido tan profundo en modo off road hasta que Verónica Romaña, directora de Mainumby4x4, la conquistó como nueva cumbre en la cordillera para su empresa organizadora de travesías. Seguramente a partir de ahora comenzará a aparecer en el radar de otros aventureros que también querrán registrarla en su bitácora.

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