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Weekend - 2021-09-30

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Cordillera de los Andes: 43 pasos fronterizos para una gran aventura.

BIKE

Por Javier Rasetti.

El viento helado nos daba la bienvenida a uno de los santuarios de altura del cicloturismo mundial, estábamos tan felices como exhaustos, por lo que apenas podíamos acomodarnos para hacer la foto en el cartel que indicaba que estábamos a los 4.895 metros sobre el nivel del mar y que, efectivamente, habíamos llegado a El Abra del Acay, el punto más alto de la Ruta Nacional 40 y uno de los pasos carreteros más altos que existen en el mun do. Eran alrededor de las cinco de la tarde y desde allí se podía observar la perfección y la grandeza de la Cordillera de los Andes. El corazón nos latía con fuerza, los ojos se nos llenaban de lágrimas de emoción, pero aún no éramos capaces de imaginar lo que ese día iba a significar para lo que vendría algún tiempo después. Habíamos llegado allí pedaleando desde la ciudad de Ushuaia, habíamos transitado casi por completo la Ruta Nacional 40, pero aún nos quedaban unos cuantos kilómetros más por delante para llegar a La Quiaca y cumplir el sueño de unir de punta a punta el país en bicicleta, y sin embargo allí, en lo alto de las montañas de la puna salteña, algo estaba naciendo con fuerza en nuestros corazones. No lo sabíamos, pero ese sería el comienzo de un largo proyecto en la cordillera. Los Andes Muchas veces no somos conscientes, pero los argentinos tenemos la suerte de convivir con una de las cordilleras más grandes e impactantes que existen en el globo. Volcanes, cerros, bosques milenarios, valles, lagos, salares, desiertos, glaciares, forman un complejo hábitat de más de 5.500 km de extensión que recorre de punta a punta el país y que le ofrece, a todo aquel que se anime, la posibilidad de aventurarse y disfrutar de algunos de los paisajes más lindos del mundo. Sin embargo, y a pesar de que se pueden encontrar algunos pocos ejemplos de sectores en donde se concentra una gran actividad relacionada con los deportes de montaña, podemos afirmar que no existe en el país una cultura andina que esté a la altura de lo que ese extenso cordón de montañas tiene para ofrecernos. Y si además hablamos específicamente de ciclismo de aventura, el resultado de la ecuación se vuelve casi inexistente. En el año 2014 realizamos ese viaje en bici que comentamos antes, y que unió Ushuaia con La Quiaca a través de la RN 40. En él pudimos comprobar en primera persona la poca información que existía sobre los caminos y rutas que se adentraban hacia la Cordillera de los Andes. A pesar de ello, cada vez que pedaleábamos hacia el Oeste todo a nuestro alrededor se tornaba maravilloso y cualitativamente más interesante, y aunque en muchas ocasiones nos hablaban de caminos imposibles, falta de agua o peligros de todo tipo, lográbamos transitar esos caminos de montaña sin demasiados sobresaltos. Por lo que una vez que llegamos a La Quiaca no nos hizo falta discutir mucho para ponernos de acuerdo en que la vieja idea de seguir hacia el norte recorriendo Latinoamérica ya no estaba entre los planes y, en cambio, lo que inevitablemente nuestros corazones pedían era seguir pedaleando todo lo que pudiéramos por las montañas de Los Andes. 43 cruces Sobre la mesa estaba el mismo mapa de papel en donde habíamos trazado desprolijamente con birome el recorrido que acabábamos de completar hacía apenas unos meses. La línea azul recorría nuestra querida Argentina en forma paralela al trazado de aquel interminable cordón de montañas que forma la barrera natural que nos separa de Chile. Esta vez, a cambio de pueblos, buscábamos atentos cada camino que se adentrará hacia el Oeste de la 40, conocíamos bastante la zona del NOA por haber ido varias veces a intentar ascender algún que otro cerro, y por ello decidimos comenzar por allí. Otros caminos Apareció Jama, luego Sico, Socompa, más abajo San Francisco, Pircas Negras y así hasta llegar a Mendoza. Luego empezamos a ver más y más hacia el sur con el cuidado de no saltearnos nada hasta que llegamos a la isla de Tierra del Fuego. Eran muchos, teníamos que encontrar una lógica que nos convenciera y entonces, en la página de Gendarmería Nacional, apareció la clave. Oficialmente, los pasos internacionales habilitados que conectan la Argentina con Chile a través de la Cordillera de los Andes son 43. La idea era clara, se trataba básicamente de ir cosiendo la Cordillera entrando a Chile desde la Argentina para volver por el siguiente paso en un continuo zigzag que nos llevara a completar los 43 cruces. Teníamos que ser rápidos, porque muchos de esos pasos solo están abiertos unos pocos meses al año, cuando el frío y el potente clima de montaña de Los Andes da la tregua necesaria para que esa conexión por tierra sea una posibilidad. Deberíamos adaptarnos a la altura, el frío, la soledad de la montaña, pero también deberíamos estar dispuestos a afrontar lo que un proyecto de tal magnitud nos pusiese delante… Finalmente, en enero de 2016 comenzamos la primera temporada desde la provincia de Jujuy, y desde allí fuimos bajando hasta completar los primeros siete cruces de cordillera del proyecto: Jama, Sico, Socompa, San Francisco, Pircas Negras, Agua Negra y Libertadores. Nos tomó poco más de tres meses en los que recorrimos unos 3.300 km de caminos de montaña, sumamos unos 41.110 m de desnivel positivo acumulado, bajamos unos cuantos kilos y, lo más importante, ganamos la seguridad necesaria para creer que lo que habíamos imaginado posible se transformara en algo real. Acabábamos de pedalear durante meses en alturas superiores a los 4.500 m, habíamos cruzado salares y subido decenas de cuestas interminables. Habíamos pedaleado durante días y días por zonas donde la presencia humana es prácticamente inexistente, habíamos superado nuestros límites y eso nos dejaba con la motivación necesaria para encarar los 36 restantes. So lo había que esperar que el invierno hiciera lo suyo en las montañas de Los Andes. Luego de esa primera temporada hubo otras tres y entonces, para el año 2019, teníamos completados 41 pasos fronterizos internacionales. A lo largo de esos años cruzamos la cordillera y llevamos nuestras bicis por sitios impensados, días y días de estepa, vientos, bosques, selvas. Decenas de ríos vadeados, kilómetros y kilómetros de senderos, cientos de noches durmiendo bajo las estrellas, valles hermosos, silencio, tormentas, puestos y gente de montaña que nos recibieron una y otra vez. Y, finalmente, montañas, montañas y más montañas… Cinco años después podemos decir que casi tenemos completado ese mapa, pero ya no solo con el trazado de una birome sino que con un sinfín de nuevas experiencias y aprendizajes que la Cordillera nos fue regalando en cada uno de los 41 cruces. Al día de hoy solo nos quedan pendientes dos que casualmente quedan cerca de nuestra nueva casa, ya que también el amor por estas montañas nos ha llevado a vivir en El Chaltén, un pueblo de montaña de la provincia de Santa Cruz, en donde podemos encontrar en lo cotidiano toda la esencia de este mítico y enigmático cordón con el que tenemos la suerte de poder convivir. Muchas veces nos preguntamos cómo a pesar de contar con uno de los sistemas cordilleranos más importantes del mundo, solo se desarrollan actividades de montaña en algunos pocos puntos y no existe información detallada de los más de 5.000 km de montañas con los que tenemos la suerte de contar como país. Por eso, desde hace un tiempo estamos trabajando en una guía informativa que facilite datos a aquellos ciclistas interesados en pedalear por los caminos de la cordillera y también, poco a poco, vamos trabajando en la apertura de un sendero de larga distancia que viaje de punta a punta del país, pero en una línea paralela que transcurra más cerca del trazado de cumbres de Los Andes. Si bien hoy apenas hemos logrado avanzar solo en un pequeño tramo de la provincia de Santa Cruz, sabemos que tarde o temprano la comunidad de ciclismo aventura del país va a poder contar con una ruta exclusiva de larga distancia que conecte todos los valles cordilleranos por los que sea posible pedalear. Para iniciar las travesías Lo primero que hay que entender para dimensionar la Cordillera de los Andes es que, si cualquiera de nosotros dedicara su vida a recorrerla en el medio que sea, no llegaría a conocer una cuarta parte de sus valles, ríos, arroyos, lagos, bosques, glaciares y demás elementos que comprenden los diferentes ambientes que la conforman, con lo cual solo queda ir acercándose a ella muy de a poco y haciendo un gran esfuerzo por aprender todo lo que allí se pueda. Luego es importante entender que la Cordillera no es un lugar peligroso, sino que se debe ir progresando escalón por escalón, con el respeto como premisa fundamental y entendiendo, claro, que nosotros –los humanos– somos apenas un pequeño punto insignificante frente a la potencia y la fuerza de la naturaleza que habita en esas montañas. Por lo que es fundamental mantener la humildad en todo momento. Lo bueno en este caso es que, al existir tantas posibilidades, la cordillera nos da la oportunidad de hacer escuela e ir aprendiendo progresivamente hasta llegar a poder sentirnos seguros, inclusive, en los lugares más inhóspitos y alejados de los centros urbanos en donde solemos desarrollar nuestras vidas. Lo importante aquí es elegir y nivelar en base a nuestra experiencia real, y en el caso de querer saltarnos escalones, hacerlo con la ayuda de un guía especializado que nos aporte el conocimiento necesario en caso de que las cosas se compliquen o no salgan como lo esperábamos. Nunca olvidar que en la montaña hay clima de montaña. Respecto al ciclismo específicamente hablando, la cordillera aporta un sinfín de posibilidades ya que, eligiendo bien, cuenta con rutas en las cuales tanto los ciclistas más novatos como aquellos más experimentados van a poder encontrar el desafío y la sensación de aventura que necesiten. Solo hablando de pasos fronterizos habilitados uno puede elegir entre una ruta de 400 km completamente pavimentada que llega a los 4.800 msnm, un sendero de seis días en plena selva valdiviana en donde se debe cargar la bici en las mochilas o pedalear apenas unos pocos kilómetros para llegar desde las montañas boscosas de Villa la Angostura a una paradisíaca playa de la costa del Océano Pacífico.

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