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Weekend - 2021-09-30

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Un hobbie de fácil alcance

FAUNA

Más info en Instagram: @garayeliane

Eliane Uhaldegaray es fotógrafa de naturaleza especializada en aves. En una charla, cuenta cómo ésta actividad fomenta el contacto no intrusivo con el medio ambiente, el desarrollo de nuestros sentidos y la comprensión de las interrelaciones con un ecosistema, todo lo cual resulta en un proceso de características terapéuticas. “La observación de aves es hoy en día una de las actividades recreativas que más crece en popularidad –relata–, y una de las causas de este fenómeno es que nos permite desarrollar y jugar con todos los sentidos. Por ejemplo, la vista se enceguece ante la belleza de las distintas especies existentes y la infinidad de detalles que vamos descubriendo en cada una de ellas. A su vez, el oído es otro de los sentidos que se agudizan y que bien podría ser el rey de esta actividad, ya que nos ayuda a distinguir ante que especie estamos antes de siquiera verla y nos guía para poder ubicarla. Y es esta atención que desarrollamos en la escucha la que nos lleva a convivir y ser conscientes de un elemento que está siempre presente en nuestras vidas, pero que habitualmente no le prestamos atención: el silencio.” Es aquí donde encontramos uno de los principales beneficios de la observación de aves. A diferencia de lo que sucede en nuestras rutinas habituales, donde se hace difícil prestar completa atención a algo en particular por un tiempo prolongado, en esta actividad sí es posible. Y esto se debe en gran medida gracias a la atención pasiva que desarrollamos en este hobbie. Atención que se extiende no solo a las aves, sus cantos o los sonidos del ambiente, sino también a los momentos de silencio, haciéndonos conscientes de él y de la importancia del efecto terapéutico que genera en nosotros, silenciando gradualmente nuestros pensamientos, el ruido mental y relajando el cuerpo. Esta ausencia de bullicio interno generada por la atención nos permite conectar sin interferencias con el entorno, y así aumentar nuestra comprensión. “El proceso es muy beneficioso para nuestra salud –continúa–, porque permite que nuestra mente se detengan aunque sea por un momento, haciéndonos vivir realmente el momento presente. Es así como la experimentación del silencio en la fotografía de aves propicia la introspección y la reflexión, estrechando el vínculo tanto con el exterior como con nuestro interior. “Otro de los pros de esta actividad es su accesibilidad, ya que en contra de la idea generalizada de que para realizarla es necesario trasladarse hasta el campo, la realidad es muy distinta, porque sin importar el lugar en el cual uno esté o al cual decida ir, las aves siempre están presentes. No solo las encontramos en entornos naturales, sino que muchas se han adaptado a vivir entre nosotros y podemos verlas fácilmente en parques, jardines y prácticamente en cualquier rincón del núcleo urbano. Desde una gran ciudad hasta un campo a cielo abierto no existe espacio donde no se observen aves. Basta con estar alertas para visualizar diferentes especies, aprender en su observación y sorprenderse con sus diversas conductas. Por supuesto, a medida que avancemos en esta actividad cada uno irá descubriendo su especie favorita y sabrá dónde encontrarla.” Para realizar tanto la observación como la fotografía de aves no se necesita de un equipamiento complejo. Para la primera basta con unos prismáticos que pueden ser de 7x30, 8x30, 8x40, 8x42, 10x40 o 10x50, dependiendo del alcance que se prefiera o del presupuesto que se disponga.Y para tomar fotos, una cámara réflex y un teleobjetivo mayor de 200 mm. Con eso estamos listos para empezar. En cualquiera de los dos casos se sugiere también ropa de colores no muy llamativos. Es sustancial tener en cuenta que más importante que el equipo es la paciencia y la capacidad de disfrutar del ambiente donde se realiza la actividad, y ser conscientes de que la espera es parte de la experiencia. Para finalizar, agrega “podemos decir que cuando observamos aves nos fijamos: dónde se posan, qué comen, cómo sociabilizan tanto dentro de su misma especie o con otras, así como con qué materiales y de qué forma construyen sus nidos, cómo protegen su territorio, etc. Y es en este proceso donde también aprendemos sobre las plantas, insectos u otros animales de los cuales se alimentan, tanto como de los árboles y flores donde se posan. Es decir, nuestro aprendizaje y relación se extiende de las aves en particular al entorno en general, y podemos ver las relaciones creadas en el ecosistema y como les afectan o benefician nuestros comportamientos. Nos concientizamos de que no solo influimos, sino que somos influidos por el ambiente, y curiosamente, descubrimos que estamos mucho más interconectados de lo que creíamos”.

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