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Weekend - 2021-09-30

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En busca de otras postales.

TRAVESIAS

Por Marcos Roldán.

Amigos montañeros de muchos años, dedicados a la cría de ovejas y que por generaciones hacen la famosa veranada, nos esperaban después de un año. La inimaginable pandemia que había arrancado en 2020 imposibilitó recorrer todo lo nuevo que habíamos descubierto en nuestra hoja de ruta, pero queríamos cumplir con lo que en ese momento nos habíamos comprometido: recorrer 420 km en tres días, donde el primero y el último serían duros en terreno y kilometraje, en realidad, el atractivo de la expedición, el desafío constante a la magia e incertidumbre que presenta la montaña. Como dice el astronauta Buzz Aldrin: “La exploración está conectada a nuestros cerebros; si podemos ver el horizonte, queremos saber lo que está más allá”. Así que, mientras terminábamos de desayunar, íbamos cargando y cinchando equipos a los racks para partir y recorrer los primeros 150 km. Buena energía del equipo y un día magnífico avivaron las ganas de rodar... y el convoy arrancó. El paisaje ya era majestuoso por sí mismo y la primera parada en la laguna Cari Lauquen comenzó a motivarnos más. Fotos, revisión de los vehículos y a continuar por el serpenteante camino que iba sumando más altura. Habíamos formado una extensa caravana multicolor que contrastaba con los marrones de la montaña, pero el movimiento en un momento se cortó: uno de los ATVs había sufrido un pinchazo. Bastaron una pequeña demora y un tarugo para poder continuar y seguir disfrutando de todo lo que la madre naturaleza nos estaba regalando. El Domuyo nor te casi con su desembocadura en el río Barrancas (Neuquén) es una postal que aprovechamos para almorzar y efectuar un breve descanso. Por delante venía el cruce del Cajón de los Nevados que, ya sabíamos, iba a ser una tarea que requeriría paciencia, cuidar máquinas y neumáticos. Transitarlo demandó más tiempo de lo esperado, pero bien valió la pena ya que ningún ATV sufrió consecuencias, que era lo que nos habíamos propuesto como objetivo para ese día. Incluso teníamos margen de tiempo para llegar a la zona de campamento y brindarles a los aventureros un regalito sobre el final del día. Entre las lagunas Varvarco Tapia y Campos, con el sol fundiéndose y recostándose sobre los filos del Oeste de Los Cerrillos, nos esperaba mi gran amigo Juan Díaz y su madre, la incondicional Justina con su agradable e imborrable sonrisa de siempre, y unos sabrosos chivos a la estaca, ensa ladas y fogón. Apa recieron también algunos malbec que se compartieron y entre brasas, anécdotas e historias se fue cerrando la noche para el descanso merecido. Segundo día Con dos grados bajo cero arrancó la mañana que rápidamente tomo temperatura y nos permitió desarmar el campamento, volver a cargar las mulas metálicas y seguir adelante para cumplir con los objetivos. Era un día en que rodaríamos pocos kilómetros, pero no por ello serían menos intensos e interesantes. Pronto partimos a conocer las lagunas Varvarco Campo, seguir por la Tapia e ir descendiendo hacia Aguas Calientes. Si lo hubiéramos imaginado seguramente no se hubiera dado. El angosto camino que desciende paralelo al río estaba congestionado por el alto tránsito local: unos arrieros y sus perros estaban bajando 400 ovejas de la veranada, anticipándose a probables nevadas. Un gran espectáculo que todos disfrutamos. Paramos nuestros motores para darle prioridad en el paso de un puente y después de un buen tiempo, y de ver el trabajo prolijo e incesante de los perros para que la majada avanzara, cuando nos dieron el paso, aceleramos pata llegar al mediodía a un puesto cercano donde estábamos autorizados a acampar. Allí almorzamos y de ahí en más se sucedieron varias sorpresas que teníamos preparadas y que deslumbraron a los participantes... Fuimos a Los Tachos, luego de caminar por un sendero muy escarpado durante 25 minutos, lugar donde aparecen unos géiseres próximos al volcán Domuyo, con aguas que borbotean a 80 o 90 grados y que salen de las profundidades de la Tierra. Sus vapores y columnas de agua alcanzan más de un metro de altura. Este volcán es también conocido como el techo de la Patagonia por su altura superior a los 4.500 msnm y es el extremo Norte de la Cordillera del Viento. De regreso al campamento pasamos por Aguas Calientes donde, después de dos largos días de montaña y tierra, tomamos un baño natural termal para recomponer el cuerpo y la mente, lo que se transformó en un momento muy especial de gran disfrute y camaradería. Pero era un día especial que la organización había preparado y que no terminaría ahí. Había más sorpresas. Cuando llegamos al campamento, Justina y Juan habían venido en camioneta desde su puesto a 48 km de distancia, por un duro camino, a preparar nuestra cena. Un chulengo a leña (parrilla tipo tambor) que jamás indicaría que adentro se estaban terminando de cocinar unos canelones de verdura y pollo con estofado. Creo que la mayoría pensó que se trataba de extraterrestres que habían aterrizado en nuestro lugar. Lógico y como corresponde, no faltó el caluroso aplauso para esta magnífica gente de montaña que había tomado el compromiso mayor de brindarnos lo mejor de ellos. La palabra es parte de su esencia y vida. Una vez más, la sobremesa vino cargada de emociones, hubo truco a la luz de una tira de LEDs a batería, mientras que las mujeres del grupo se dedicaron a contemplar la noche magníficamente estrellada. Llegó la última jornada Sabíamos que si queríamos desandar los 180 km de ese día la única manera era levantarnos muy temprano para desayunar, desarmar campamento, alistar y partir. Buena voluntad y ganas sobraban, y más cuando habíamos comunicado que cruzaríamos ni más ni menos que la Cordillera del Viento serpenteando el Domuyo por unas latitudes realmente únicas que rozaban el límite de lo descomunal. No hubo manera de mantener un ritmo adecuado en la primera parte debido a que todos querían llevarse la mejor foto, perplejos por la magnitud del lugar, con sus marcados ascensos y largos descensos. Paramos en el camino para hacer una breve picada por los tiempos vividos y, como frutilla del postre, una foto grupal frente del volcán Tromen, que en esa planicie se destaca como un gran coloso. Habíamos regresado tras 18 meses de estar frenados a causa del Covid. ¡Fue increíble! Y lo celebramos de una manera muy especial. Agradecimiento a: Juan Díaz y su hermano Hugo, puesto donde siempre habrá una torta frita un mate y una cerveza para el amigo que llega.

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