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Weekend - 2021-10-29

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Un lugar paradisíaco con piques instantáneos

PESCA

Textos y fotos: MARCELO ALBANESE

En el partido de Lobos se encuentra un ámbito casi olvidado que, en la primavera de 2021, vuelve a resurgir con enormes tarariras. Y que promete buenos pejerreyes para el año próximo. Con la llegada de noviembre y el clima a favor para las tarariras, salí a buscarlas en un ámbito que por varios años no se venía relevando, pero que a partir de ahora pasa a formar parte de la agenda para los fanáticos de las dientonas: Culú Culú. Fue Hugo López, propietario de la casa de pesca “Cacho”, de Lobos, quien me la recordó, tal vez porque él vive ahí nomás, y a nosotros tampoco nos queda tan mal: apenas a unos 116 km de Capital Federal por autopista Ezeiza - Cañuelas y luego RN 205, aunque los últimos 16 km se realizan por Ruta 41. Fue Hugo quien me comentó que la venía testeando con muy buenos resultados, así que acordé con él la fecha y puse rumbo hacia el espejo. En el lugar nos esperaba Gastón Caset, propietario del ámbito, quien luego de un pequeño chequeo de acceso a la entrada de la laguna nos llevó por varios kilómetros de camino de tierra bien consolidado. Es importante recalcar que a este ámbito se accede únicamente con previa reserva, ya que el ingreso se realiza a través de una estancia privada, por eso es hay que agendar a Gastón. Ambito lagunar El espejo se ubica dentro del partido de Lobos y está conformado por unas 1.000 hectáreas. En la parte más profunda hay unos dos metros de agua y las costas se pueden vadear, ya que tiene sectores de claros de juncos y ortigas sumergidas. Hay muelle flotante, seis botes a remo en alquiler y aquellos que lo deseen pueden llevar su propio motor para agregar a la embarcación. Con aviso previo se permite la bajada de kayaks. Gastón nos contó que en el año 2020 se realizó una siembra de alevinos de pejerrey y que en septiembre de 2021 se volvió a resembrar, lo que nos dio un buen augurio para más adelan te, para cuando las flechas de plata se reproduzcan y den la medida permitida para la pesca deportiva. Otras especies que encontramos aquí son: bagres, dientudos y grandes carpas, las que podemos pescar en diferentes modalidades, como mosca o fly cast, tanto de costa como embarcado. A todo este fantástico entorno se le suma una gran avifauna de la región. La pesca y equipos La jornada se presentó con el cielo algo nuboso, una temperatura aceptable próxima a los 25 °C y cero viento, ideal para esta pesca. Para organizarnos nos dividimos en dos embarcaciones: por un lado Nicolás López y Máximo García y, por el otro, Hugo L ópez (g uía), Juan Caporaletti y quien escribe. El primer rumbo fue hacia la salida del arroyo. El lugar era el ideal: grandes juncales con buenos claros y ortiga sumergida, sector previamente testeado con muy buenos resultados. Anclamos las embarcaciones y comenzamos con el armado de los equipos. En esta ocasión utilizamos cañas de 12-20 lb (1 lb = 453,59 g) en uno y dos tramos, ambas de 2 m de longitud. Reeles rotativos (huevitos) cargados con multifilamento del 0,18, líneas plop y boya fija con sistema sonoro. Anzuelos N° 4/0 pata larga. Las carnadas: trozos de dientudos y f ilete de carpa, aunque también podemos incluir otras variantes como, por ejemplo: corazón vacuno, mojarrones, lombrices y ranas. Por último, nos pusimos los wader y bajamos de la embarcación. La profundidad variaba entre los 50 y 80 cm. Vadeando entre la ortiga Nos fuimos separando para abanicar una gran parte de este primer sector. Los lances fueron con señuelos de media agua en los lugares que la ortiga lo permitía, mientras que en otros optamos por engaños de superficie. La idea era arrojar el señuelo y recoger muy suave. Podíamos observar las corridas dentro de la mata de juncos. Sin duda, los señuelos les causaban irritación, pero no podíamos concretar los piques. Las tarus salían de abajo de la ortiga y atacaban los engaños de superficie con total voracidad, pero estaban mañosas a la hora de morder. Hugo optó por cambiar el señuelo de media agua por otro de superficie y agregó una ra tita para vadear bien la zona de ortiga. De esta manera, luego de un par de pasadas concretó la primera pieza que atacó el anzuelo con un pique concreto. Lindo ejemplar que rondó los dos kilogramos de peso. Por mi pa r te, no descuidé en ningún momento la cámara fotográfica, porque Hugo me comentó que nos encontrábamos en una buena zona de pesca. Solamente faltaba que salieran a comer desde adentro de la mata de juncos, así que guardé mi caña por un momento y me puse a fotografiar cada secuencia de piques. Juncos remunerables En otro de los sectores se encontraba Juan Caporaletti pescando entre los claros de juncos con modalidad línea de dos boyas con ca r nada. Haciéndome señas y gritando “Marce, taru”, pude fotografiar ese pique voraz. Una vez que la tararira tomaba la carnada y se concretaba el pique, comenzaba la gran batalla por liberarse, lo que genraba que nos regalara un salto tras otro. Este ejemplar resultó bueno y tomó sin desconfianza el filete de carpa. Con el correr de los minutos, los piques se fueron afirmando en las líneas de f lote, así que optamos por seguir probando en otro de los sectores, uno que tenía aún menos agua pero estaba más tupido de ortigas y donde la pesca la realizaríamos con señuelos de superficie. Como divisamos movimientos, Nicolás López y Máximo García volvieron a cambiar señuelos para ir probando los de superficie con hélice giratoria. Ello generaba más irritación al lugar donde se encontraban comiendo las tarariras, por lo cual los ataques a los señuelos se volvían voraces y se concretaban buenas capturas a pez visto. El sector pagó muy bien tanto en calidad como en cantidad de piezas y hasta se pudieron testear señuelos (la gran diferencia fue a favor de los de superficie). La tarde se ponía más que entretenida y ninguno quería abandonar los equipos, así que para ir cerrando la jornada fuimos a vadear otro de los sectores que Hugo y su grupo de pesca había visitado los días anteriores. Tarde gloriosa Comenzamos con señuelos de superficie: los piques fueron uno tras otro, con ejemplares muy combativos. Bastaba cerrar y abrir los ojos para ver que los aparejos picaban todos a la vez. Debido al éxito, volvimos a probar con señuelos de media agua con cuchara giratoria y llegó el momento esperado, un show de piques. Es cierto que algunos fueron fallidos, pero cuando se concretaba la acción, la voracidad era increíble. La caída del sol fue la clave, porque en ese momento los piques se dieron con mayor intensidad: las tarariras tomaban tanto los señuelos como las líneas con carnada. Fue maravilloso, sector que probábamos tenía pique. L a ta rde l legaba a su f in. Sobre la cost a cont ra r ia se encontraba Juani Caporaletti vadeando otro sector de juncos con señuelos de superficie. Allí también los piques resultaron instantáneos. No cabe duda de que la laguna está muy bien poblada de tarariras de todos los tamaños. Por suerte el ámbito vuelve a resurgir para permitirnos disfrutar en familia de un paraíso de dientonas.

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