Del Uruguay al Guazú, los pejes del remonte.

La ruta migratoria de esta especie anádroma la lleva a conquistar cada rincón del Delta. Le seguimos el paso por canchas clásicas que no fallan.

Por Wilmar Merino.

2022-05-31T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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PESCA

La ruta migratoria de esta especie anádroma la lleva a conquistar cada rincón del Delta. Le seguimos el paso por canchas clásicas que no fallan. Cada mañana helada de otoño nos acerca al éxito en la especie más buscada por los pescadores argentinos: el pejerrey. Y pese a su generosa distribución en todo el país, hay una ruta que despierta el mayor interés por su cercanía a los grandes centros urbanos: es la que lleva al pejerrey desde el estuario a los grandes ríos del litoral, con esos pejes del remonte, los esperados Gran Paraná que se hacen presentes de abril a septiembre en la zona Delta, donde fuimos a buscarlos. Tomamos como punto de partida un sitio de fácil acceso como es el segundo puente del complejo Zárate Brazo Largo, en el Paraná Guazú, desde donde opera nuestro guía anfritrión, Nicolás Gentilezza. El plan elegido fue seguir el recorrido de las flechas de plata desde la desembocadura del Guazú en el río Uruguay, siguiendo la ruta del mismo por el desaguadero, el Gutiérrez, el Bravo y el Guazú, que es la cancha de pesca clásica de este junio prometedor, a juzgar por cómo arrancó la temporada. Al momento de este relevamiento, la pesca más firme en cantidad se estaba dando en el río Uruguay y las zonas próximas a él, mientras que en el Guazú se repetía la constante de todos los años: pocos pero muy buenos. De ello venían dando cuenta aficionados que frecuentaron recreos como el Vidal, en margen entrerriana, o el Club Guazú, en costa bonaerense, quienes lograron en la primera quincena de mayo pocos pero tremendos ejemplares que pasaron holgadamente el medio kilo de peso y hasta superaron el kilo en algunos casos. Más cerca de fin de mes se incrementó la presencia de pejes medianos, con tamaños entremezclados. La primera hora nos tuvo cargando los bártulos con las llegada de las luces del día en Marinas del Guazú, para salir con “humo sobre el agua” ni bien despuntó el alba. Junto a mis compañeros Tony Moriano y Alejandro Pérez, fuimos armando las cañas de 4 metros (con reel tipo 2500, los que usamos frontales, y equipos con rotativo tipo 201 entre los que optaron por esa variantes y multifilamento en todos los casos), mientras el guía ponía su proa río abajo para hacer el recorrido propuesto, con la idea de “hacer número” a la mañana y buscar trofeos por la tarde. Bulos prometedores En la navegación nos llamó la atención gratamente que a la salida de la isla del Dorado empezaron a multiplicarse los bulos de pejerrey al paso de nuestra lancha. Era muy tentador quedarse pescando allí, pero en el mejor de los casos hubiésemos tenido éxito sin cumplir con la consigna de ir tocando diversos puntos, por lo que decidimos atenernos al plan original. Tras una hora de lancha donde agradecimos el invento de la tela polar, que nos protegió al andar pechando heladas, llegamos al majestuoso río Uruguay ,que presentaba un suave viento del norte y un aspecto levemente rizado en un día que prometía no hacernos ver una sola nube en toda la jornada. Viendo que íba mos a pescar sobre el brillo, opté por colores de boyas oscuros (rojas o negras van bien), elección que fue aprobada por el guía. Pero la sorpresa estuvo no solo en el color de boyas sino en su estructura, pues elegir aquellas que tenían rattlin en su interior (bolillitas, que algunas marcas comerciales llaman attractor) fue una intuición por demás acertada. Y lo comprobé desde el primer tiro: cuando dos de mis compañeros no habían terminado de armar, ya tenía peleando en la boya puntera un soberbio matunguito de 40 cm. Sin dudas un buen augurio. El pique por la mañana fue intenso pero, cabe decirlo una vez más, el irritante elemento de las bolillitas en el interior de boyas huecas parecía gatillar con más intensidad los piques que en los clásicos flotadores de balsa o poliestireno expandido. Especialmente porque trabajaba la línea gatillando con pequeños tirones, sobre todo cuando veía un bulo cerca de mi línea. De inmediato, una de las boyas salía disparada rabiosamente, en una jornada donde el peje no estuvo nada sutil, sino más bien muy cazador. Es probable –y de esto dependerán cuán intensos sean los fríos–, que con el correr de las semanas el peje esté más remiso, tomando con cautela en las primeras horas y más decidido hacia el mediodía tras unas horas de sol. Brazoladas cortas Tanto en el Uruguay como en otros puntos relevados en el Gutiérrez, el Bravo y el propio Guazú, las brazoladas más rendidoras fueron las de 10 y 15 cm. Otra cosa que habrá que ir modificando de acuerdo al tiempo y el frío del agua, pues seguramente en pleno invierno encontraremos respuestas un poco más abajo. El guía, de amplia experiencia en esta pesca, nos cuenta que muchas veces hizo excelentes capturas estirando brazoladas hasta 60 cm. Se fueron sucediendo piques en los distintos puntos relevados, pero cuanto más nos acercábamos al puente ferrovial, mayor era el tránsito de lanchas, por lo que a veces, tras alguna captura, había una espera importante antes de volver a ver las boyas moverse. Antes de cerrar la jornada tocamos un punto cercano al embarcadero, el juncal aguas abajo del Helgue y el Club Guazú. Aquí también se dio la norma de lo que dijimos, tras algunas capturas, lanchas isleñas de trasmalleros y tarreros (cuya actividad depredatoria nadie controla) desaprensivos, alteraban la cancha de pesca obligándonos a esperar otra vez. La bala del final la dejamos para los últimos minutos de la jornada: ir al centro del cauce a garetear allí en busca de algún gigante. Y apareció nomás, pero no de la especie buscada: un tremendo bagre blanco se llevó las tres boyas debajo de nuestro guía Nicolás, que cerró la jornada haciendo fuerza con un enorme bigotudo. En suma, el Guazú y los grandes ríos del Delta prometen un junio muy rendidor pues el ingreso de flechas de plata ha sido muy intenso en semanas previas. De ser posible, armar jornadas en días de semana redundará en un menor tránsito fluvial y, con ello, se multiplicará el plateado premio que trae el frío.

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