Expedición a la tierra de los comechingones.

Por Marcelo Ferro.

2022-05-31T07:00:00.0000000Z

2022-05-31T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

https://kioscoperfil.pressreader.com/article/283656828495482

TRAVESIAS

Nuevo recorrido 4x4 por los alrededores de Mina Clavero, Córdoba, a través de lugares que nunca habían visto huellas de vehículos. Conducción técnica sobre piedra, vadeos de ríos arenosos, cuevas indígenas, artesanos de cerámica negra y una exquisita gastronomía. Bajo la nube, la luz de la camioneta se difumina en el aire. Rebota contra las microgotas de la espesa neblina formando una aureola blanquecina e imprecisa que no ilumina de manera certera. Está a punto de oscurecer. De un lado, precipicio a 1.600 m sobre el nivel del mar. Al frente, un pedregoso sendero de montaña que transitamos guiados por las luces rojas del vehículo de adelante. Suena peligroso, pero no, solo es adrenalina genuina, controlada, divertida, de esa que los aventureros de la vida saben disfrutar, salpimentar y convertir en posterior anécdota. Estamos en Mina Clavero, Córdoba, regre Nuevo recorrido 4x4 por los alrededores de Mina Clavero, Córdoba, a través de lugares que nunca habían visto huellas de vehículos. Conducción técnica sobre piedra, vadeos de ríos arenosos, cuevas indígenas, artesanos de cerámica negra y una exquisita gastronomía. sando de la reserva del Gaucho Noel, el Papá Noel de las Sierras como él mismo se autodefine: un personaje de 77 años que en la vida real se llama Daniel Casañas. Es guía de turismo alternativo, psicólogo y en su versión altruista se disfraza en Navidad para repartir juguetes y alimentos a los chicos de las zonas aledañas (“también me contratan del shopping más famoso de Córdoba”, cuenta con orgullo). A su refugio solo acceden unos pocos: los que conocen su historia de antemano o pretenden descubrir su lugar, porque el camino es privado y para franquear la tranquera hay que pedirle autorización. Enseñanzas del Gaucho Noel Una vez allí, el avistaje de cóndores, la cueva de cuarzo, el trekking hasta unos pozones cristalinos, un chivito asado y el relato de sus experiencias de vida nos harán regresar pensativos y cargados de energía. Frases del estilo: “Si te tropezás dos veces es porque la montaña no te quiere, te está expulsando, no sos bienvenido”, suenan ásperas. Por suerte, no fue el caso de ninguno de los 20 integrantes de la travesía de Mainumby4x4. Algo excelente de la Expedición a la Tierra de los Comechingones es que no hay largos tramos de enlace. Todo queda en los alrededores, a no más de media hora de camino. Lo que excede a esos 30 minutos es terreno virgen para el off road, territorio de los primeros aborígenes que habitaron la zona, con sus aleros de piedra, conanas, leyendas y misterios que fuimos descubriendo y transitando. Como la Barranca de los Difuntos que visitamos de noche, luego de la travesía y antes del locro al aire libre bajo los árboles de la casa de los abuelos de Daniel y Mariela Rodríguez, dueños de estas tierras a las que solo se accede con permiso. Al pie del terraplén que iluminamos con linternas nos cuentan que, cuando llueve mucho, la tierra se desmorona y aparecen restos óseos, que apenas distinguimos como pequeños fragmentos de una luz mala refulgente al ser enfocados. Pero para llegar a esta instancia sorteamos medio día de terreno pedregoso, de conducción técnica con ayuda de guías (spottering) que indicaban hacia dónde doblar, cuánto frenar, de qué manera efectuar la maniobra... la piedra requiere paciencia para no golpear, rayar ni romper, entonces mirar lo que hace el de adelante es fundamental, pero no siempre suficiente, porque hay lugares donde se pasa al milímetro, tanto de abajo como de costado. Y esos detalles demandan tiempo, pero son los que marcan la diferencia de una buena organización. Siempre hay que saber esperar las indicaciones del guía o del copiloto que se baje y entre en acción. Con todas estas enseñanzas en la mente y anécdotas en el alma, nos despedimos del fogón de Cañada Larga con una tradicional Rogel de postre y la música de un guitarrista local que nos acompañó gran parte de la velada. Camino al dique La Viña El tramo siguiente se manifestó complicado ya de entrada. Lo que parecía un simple vadeo del Río de los Sauces dificultó el paso de varios. La arena babosa succionaba las camionetas y el torque no bastaba. Fue el momento de desinflar a 25 libras, eslingar, utilizar el malacate, arremangarse los pantalones y

es-ar