Ushuaia en clave gastronómica.

Es uno de los destinos favoritos de los argentinos. Con veranos e inviernos a pleno, fuimos en otoño para encontrar nuevas propuestas que tienten al visitante y quedamos sorprendidos.

Por Patricia Daniele.

2022-05-31T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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TURISMO

Es uno de los destinos favoritos de los argentinos. Con veranos e inviernos a pleno, fuimos en otoño para encontrar nuevas propuestas que tienten al visitante y quedamos sorprendidos. Fui a Ushuaia en búsqueda de sorpresas, de cosas nuevas para disfrutar pues no era mi primera visita a la zona. Elegí el otoño para ver con mis propios ojos esas tonalidades rojas, doradas y verdes que aporta la naturaleza y de las que tanto me habían hablado los lugareños. Pero también llegué al Fin del Mundo decidida a descubrir esas cosas nuevas que los locales y aquellos que inmigraron y la eligieron para vivir pensaron para el visitante. Lo primero que encontré fue una experiencia que combina trekking y un suculento almuerzo de cinco pasos junto al canal Beagle. La excursión, propuesta por Tierra Turismo, y comandada por Coco, comienza cuando nos pasan a buscar por el hotel muy temprano. Recorriendo caminos con el colorido otoñal, llegamos a la Estancia Harberton, la más antigua de la isla. Pero no íbamos hasta el casco sino que nos desviamos, bajamos del vehículo y nos sumergimos en una caminata sin dificultad de una hora, hasta encontrar la cascada Lasifashaj, nombre que significa en idioma selknam “tierra mayor”. Es parte del río del mismo nombre, caudaloso por la época y con una bruma que salpica bastante aunque estemos lejos. Pese a tener un color marrón por la turba que lo tiñe, su agua es potable y de hecho cerca hay pequeñas empresas que se dedican a envasarla para la venta. Después del paseo, cafecito reconfortante con algunas vituallas incluidas y ver caballos salvajes que nos observaban tanto como nosotros a ellos, volvimos en la camioneta. Coco tomó por la Ruta J hasta Puerto Almanza. Se trata de un pequeño poblado de pescadores: de un lado están las casas y del otro la costa. Algunos de estos lobos de mar reciben en sus hogares a comensales ocasionales y les preparan delicias caseras para compartir. Pero hay una propuesta aquí que es especial por muchas razones y conocerla justifica una empinada bajada hacia la orilla, apoyados en bastones, enfrentando el viento y el oleaje, y metiéndonos en la calidez de la casita de Diana Méndez, la primera capitana de barco de la zona que durante 10 años llevó pasajeros cruzando el canal desde y hacia Chile. Hoy confiesa que extraña la adrenalina de esa actividad pero tiene otras cosas con qué entretenerse. Capitana y cocinera Durante la pandemia, separada de su marido y buscando dónde vivir, armó un rancho junto al agua, ocultándose de la policía. Con el tiempo recibió ayuda para legalizar su situación. “Al principio tenía todo lleno de alambres y ramas para que no me vieran ni del agua ni de arriba, de la ruta. Después me descubrieron y acá estamos, visibles. Los chicos de la agencia Tierra vinieron hace un par de meses, conocieron el lugar, me propusieron traer visitantes para que les cocine (como hacía en Puerto Pirata, un restó marino de la costa) y les dije que no –cuenta la mujer–. En esta etapa de mi vida quería olvidarme del turismo y dedicarme al mar, a pescar centollas y a cultivar mejillones. Pero insistieron mucho. Entonces hablé con el Instituto Fueguino de Turismo y con la provincia, les conté la idea de abrir el rancho para poquitas personas y me dieron el ok. Recibo comensales tres días por semana que viven una experiencia nueva. Así nació Beagle Foodie”. Su casita es mínima pero no se siente el frío de afuera. Todo es casero y recolectado por la propia cocinera y su pareja, Fabián Naica. El almuerzo es muy exclusivo, solo seis personas que son las que caben alrededor de la mesa, con un largo pan casero tibio encima a modo de bienvenida. Diana nos recibió con una sopa de vegetales y pescado que se cocinaba en un fuego junto al canal, que estaba muy picado. Tomarla nos devolvió el alma al cuerpo. Hacía mucho frío. Después entramos a la casita verde y, mientras conocíamos su historia personal, algunos la ayudaron a preparar los platos riquísimos, vistosos y abundantes, que merecieron un bis: ceviche de salmón (salvaje) con uvas (espectacular), cazuela de centolla (extraída por Diana) a la crema con un alga frita encima, postas de róbalo con un pesto particular, puré de zanahorias ahumadas y crocante que resultó maravilloso, y panqueques rellenos con dulce de leche y salsa de frutas finas preparados en el momento. Todo se sirvió con presentaciones rústicas y fueron acompañados por muy buenos vinos. El toque gourmet estuvo presente en todo momento. “Nunca empiezo a cocinar hasta que lleguen las visitas, normalmente a las 12, así cada uno hace su aporte. El otro día preparamos el ceviche de salmón con ajo, que nunca había hecho, por sugerencia de un comensal. Mi propuesta es re-básica, super sencilla; trato de incorporar elementos locales como algas y lo que hay en nuestra tierra, no solo en el mar –explica–. Es agradable compartir las experiencias porque siempre llega el momento en que empiezan a contar sus vidas. Es lindo poder conocernos y generar lazos. Además en verano esto es hermoso y más cómodo, pueden comer afuera y tienen todo el canal para ellos”. Terminado el almuerzo, la charla sigue y cuesta despedirse de los anfitriones. Son muy cálidos y receptivos, los abrazos no se hacen esperar y hay que remontar la cuesta para subir a la ruta, mientras seguimos saboreando en la imaginación todo lo disfrutado y comentando cada mínimo detalle. Trekking y chocolate Después de una jornada como esa, la súper cama del hotel Las Hayas está esperándome para descansar calentita y seguir sonriendo por una de las mejores experiencias que me regaló Ushuaia. Por suerte no es la única. A la mañana siguiente aproveché el trekking que brinda mi alojamiento recostado en la montaña para subir más cerca del Martial en busca del mirador Wallner y su hermosa vista panorámica de la ciudad. Del otro lado se ve la clásica postal de los cerros nevados. Es de exclusivo acceso peatonal y aunque los senderos están señalizados (azul para el ascenso y amarillo para el regreso), siempre es mejor ir con un guía experimentado. El camino toma unas dos horas en total y permite descubrir un poco de la flora de la estación, por qué los árboles (coihues y lengas) no tienen raigambre en su suelo de roca y ver en ellos las profundas huellas que dejó el pájaro carpintero gigante en busca de insectos para alimentarse. Una parte del camino se hace sobre el Sendero de los Hacheros, usado por los presos a comienzos del 1900, porque todo aquí remite en algún punto a esa gesta fundacional. A mi regreso tomé la combi del hotel para ir al centro de la ciudad y descubrir sus novedades gastronómicas. Sí, la caminata me había abierto el apetito. Me encontré con El Mercado, un flamante emprendimiento que combina venta de patisserie y delicatessen varias con restaurante de muy buen nivel. Allí me recomendaron que a la noche pasara por la gintonería Jeremy Button, marca local de gin que instaló su restó, siempre concurrido y convertido en nuevo punto de encuentro. Se come muy bien ahí. Buscando chocolates para llevar de regalo me topé con el local de Sergio González, pequeño y acogedor. Ahí probé los deliciosos bombones rellenos de fruta y de otros ingredientes muy originales que él mismo hace. Había hallado el lugar perfecto para comprar sabroso y quedar muy bien cuando lo regale. Pero la mayor sorpresa fue enterarme de que hay un shopping enorme y muy completo para disfrutar indoor. Se llama Paseo del Fuego y ya tiene 10 años. Por supuesto que es el más austral del mundo y en su interior, además de locales comerciales, bares y restaurantes muy intersantes, hay un simulador que recrea la visita al Presidio y murales hechos por los artistas de Tierra del Fuego, como “Margaritas y casitas en el cielo”, de Elsa Zaparart. Desde allí también se puede ver el canal Beagle en el ángulo opuesto a Puerto Almanza. Aquí los turistas tienen ventaja porque reciben grandes descuentos y el regalo de un helado o un café al escanear el código QR del centro comercial en hoteles y centros de esquí. Además, adentro del edificio están las hilanderas patagónicas: mientras trabajan, venden sus tejidos; y los estudios de Cadena 3, donde Pachu Peña participa del programa diario Fire Time, conducido por Pablo Oliva. Resumiendo la visita al Fin del Mundo: ¡qué bueno recibir sorpresas!

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