Un buen plan también en el invierno

Se abren las fronteras tras el pico pandémico y uno de los destinos más hermosos de Brasil, un “Caribe del Sur”, está cerca y no se restringe solo al verano.

Textos y fotos: NESTOR SAAVEDRA

2022-05-31T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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TURISMO

Se abren las fronteras tras el pico pandémico y uno de los destinos más hermosos de Brasil, un "Caribe del Sur", está cerca y no se restringe solo al verano. Por Néstor Saavedra. Imaginate una península casi toda rodeada de pequeños montecitos (morros), llenos de vegetación, alternados con casi 30 playas de aguas transparentes. Eso es Búzios. Sin duda, uno de los centros turísticos más famosos de Brasil, y de Sudamérica. En tu imaginación también puede estar la idea de que solo es oportuno visitarlo en verano; sin embargo, lo conocimos “fuera de temporada” y nos encontramos con que tiene atractivos para todo el año aún en pleno invierno. El viaje desde Buenos Aires es agradable y corto: promedia las tres horas a Rio, un aeropuerto muy lindo y perfectamente señalizado. Desde allí, una combi recorre los 180 kilómetros a destino. Hacerlos de día, porque el cruce del puente Rio-Niterói con toda la vista sobre la bahía de Guanabara es un placer. Mide casi 14 km de largo, sube hasta los 72 metros y es el segundo más extenso en América latina. Pasada esta obra de ingeniería inaugurada en 1974, sigue la ruta esquivando morros hasta el ingreso a la península de Búzios, donde la avenida Jose Bento Ribeiro Dantas la atraviesa, como una columna vertebral, desde su istmo hasta el extremo oriental. El nombre de la arteria honra a un abogado que se radicó en la zona, donde vivió 15 años convertido en un gran propulsor del crecimiento turístico y del pueblo. Hacia los costados se desprenden callecitas curvas e intrincadas, con marcadas pendientes, donde se localizan los hoteles y posadas antecediendo al océano. Recorrimos entera la avenida, pues paramos frente a una de las últimas playas que miran al norte, João Fernandes. Curiosamente, debido a la corriente de Brasil, la temperatura de estas aguas no baja tanto, como sucede en las costas marinas argentinas. Por tanto, no es extraño que turistas y locales aprovechen para bañarse entre otoño y primavera, cuando la temperatura ambiente oscila entre los 18 y los 27 grados. En esta época, además, hay menos visitantes y, por ende, más posibilidades de encontrarse con una enorme cantidad de peces que nadan entre los bañistas, mucho más si accedemos con unas migas de pan. Las playas son cortas, con arena blanca y fina. El agua, transparente y muy agradable. Para recorrerlas también se puede contratar un servicio de buggy, automóvil de casco liviano y grandes ruedas. Caribe brasileño El plato principal llegó con la visita a Arraial do Cabo, justicieramente conocido como “el Caribe Brasileño”. La excursión arranca a la mañana temprano. Luego de una hora de viaje, pasando la ciudad de Cabo Frío se encuentra esta península más corta y con direc ción sudeste. Un puerto lleno de embarcaciones nos esperaba para navegar una gran bahía llena de recovecos con playas, barrancas y aguas verde esmeralda. Los barcos son muy simpáticos: doble piso, amplios, poca quilla para no hacer grandes olas y molestarse entre sí, música y un gran grupo de turistas dispuestos a cantar, bailar, tomar sol, alguna bebida, unas brochet de carne, chorizo y pollo y, sobre todo, reírse y sacar mil fotos. Enseguida se detecta la presencia de muchos argentinos. En la crisis de la década de 1980, desde nuestro país partieron muchos migrantes que se afincaron en Búzios para dedicarse al turismo y lo promocionaron entre los argentinos que hasta hoy optan por este destino para sus vacaciones. Pasada la pandemia, nuevamente muchos la eligieron para visitarla y aun radicarse. En la recorrida de cuatro horas en barco visitamos tres playas para bañarnos, nadar y hacer snorkel. Donde el calado no lo permite, bajamos a los gomones y navegamos entre olas con los chalecos y demasiadas risas. Muchos prefieren bucear o realizar periplos que se contratan por todo el día en veleros o embarcaciones con motor. Más atractivos Sin bajar del barco visitamos algunas cavernas de curiosas características. Por ejemplo, en la cueva del Amor, si le das un beso a tu pareja te garantizás la relación eterna (algunos no se besaban); en una grieta enorme entre dos paredes de piedras se encuentra una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, a la que rinden culto los navegantes; en otra punta, una gran roca presenta, desde una perspectiva, el perfil de la cara de un mono. Al salir al mar abierto se comprueban dos elementos naturales: el cambio de color de las aguas a un azul fuerte y la intensidad de las olas, luego de abandonar el abrigo del collar costero. Ya de retorno a Arraial y luego de un paseo por sus calles, almorzamos en Cabo Frío y volvemos al atardecer a nuestros hoteles. Los que tienen fuerzas pueden disfrutar de la noche buziana con sus boliches y cálidos lugares para tomar una caipirinha o una guaraná (para muchos, la bebida más deliciosa de Brasil). Nosotros preferimos un buen descanso y, al día siguiente, caminar sobre los morros hasta llegar a la orla (costanera) Brigitte Bardot. La actriz parisina llegó a estas playas en 1964, cuando era una villa de pescadores, donde se mezclaban algunas casas de ricos cariocas con los rebeldes hippies. Huía de los fotógrafos de Rio, ya que la rubia sexy estaba en el pico de su fama. Sin embargo, la detectaron y sus fotos se difundieron por todo el mundo dándole el empujón que necesitaba la poco conocida Búzios para ganar reconocimiento mundial. Una estatua de Bardot sentada sobre una valija engalana esta calle costera. Es obra de la artista Christina Morra. A unos pocos metros, la misma autora talló y erigió, ya dentro del mar, “Tres Pescadores”, en homenaje a los trabajadores de las redes. Muy cerca, en la misma playa de Armação, se encuentra también la estatua de Juscelino Kubitschek, expresidente de Brasil que solía pasar sus vacaciones en este balneario y fue gestor de la década de oro de este país, cuya cúspide es la erección de la nueva capital, Brasilia, en 1960. Los tres días de estadía nos quitaron el prejuicio de que solo es un centro estival: Búzios está para visitarlo todo el año. En invierno casi no llueve, lo que garantiza sol y temperaturas más altas que en la época fría argentina.

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