VIlla Pehuenia, asomando entre la espesa nevada.

Tres días de off road guiados por el GPS a través de la intensa nieve neuquina. Trabajo en equipo, aprendizaje en conducción y servicios de categoría. Una travesía que grandes y chicos disfrutaron a pleno.

Por Marcelo Ferro.

2022-09-15T07:00:00.0000000Z

2022-09-15T07:00:00.0000000Z

Editorial Perfil

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TRAVESIAS

Tres días de puro off road guiados por el GPS a través de la intensa nieve neuquina que marco récords de caída este año. Trabajo en equipo, aprendizaje durante la conducción y servicios de categoría, como hotelería premium y gastronomía caliente en travesía. Una salida que grandes y chicos disfrutaron a pleno en la cordillera. Desde Zapala hay tres caminos posibles hasta Villa Pehuenia. Dos estaban cerrados: la única posibilidad era el más largo, el de la cuesta del Rahue, una alternativa de muchas curvas y contracurvas de dudoso asfalto con condimentos de ripio (en realidad, RP 46) que llega casi hasta Aluminé, y que muchos consideran la bajada más linda de la Patagonia. Sin duda, un buen comienzo para esta travesía que ya desde días antes se avizoraba expectante gracias a los noticieros televisivos, que mostraban rutas bloqueadas y dificultades logísticas a causa de la nevada histórica que azotaba esta región neuquina y que, sin duda, nos pondría mano a mano con la tarea de abrir huella para llegar a esos lugares recónditos sugeridos en el programa de travesía de Mainumby4x4, como la aduana abandonada y el hito fronterizo con Chile. El punto de encuentro fue la cálida hostería de troncos Melewe, en Moquehue (a 23 km de Pehuenia), en la que durante cuatro días nos alojamos, desayunamos y cenamos gastronomía artesanal patagónica, como lasagna de cordero, pastel de papas y guiso de lentejas con carne de ciervo, mientras a través de la ventana nos deleitábamos con la quietud del manso arroyo Quillahue discurriendo entre las piedras sobre el paisaje nevado de fondo. Martín Capel, su gerente, es un profundo estudioso de la zona y así nos enteramos que desde principios del 1900 se produjo en la región una extracción de árboles sin control, desmonte deliberado de costas de ríos y arroyos para favorecer la apertura de los campos de pastoreo que requería la incipiente ganadería. Y aquí el primer dato curioso que no figura ni siquiera en Internet: hacia 1940 hubo dos concesiones forestales, una de las cuales se le adjudicó a Industria Forestal Colombo, empresa que construyó una pista de aterrizaje (hoy inactiva) que podemos observar a pocos metros de la hostería: un ancho callejón nevado de 2,80 km de longitud, que se utilizaba en verano e invierno, época esta última en que debía ser limpiada y planchada con rollos de araucaria de tronco liso a fin de compactar la nieve y permitir el despegue. Pasamos por allí reiteradas veces con nuestras camionetas y cada día imaginábamos la situación de El Mago, un piloto y maestro de escuela de apellido Chan, quien se ganó el mote por su destreza para aterrizar en condiciones extremas, tan precisas debían ser sus maniobras que tuvieron que cortar dos araucarias de un extremo de la pista para que pudiese decolar con un mayor porcentaje de seguridad. Otra de las historias de las que Google casi no tiene información tiene que ver con el camino Withvoort, un famoso recorrido para el traslado de madera durante el siglo pasado, que lleva esa denominación en alusión al apellido de uno de los primeros colonos norteamericanos, cuya estampa era la típica de un cowboy, precisamente el primero en abrirlo y transitarlo. Los relatos de Martín iban avanzando en la medida de nuestra curiosidad, sin grandes prólogos ni en forma pública, sino más bien cara a cara en algún cruce da café. Así llegamos a 1989, año del surgimiento de Villa Pehuenia (es el pueblo más joven de nuestro país: apenas 33 años), gracias a la venta de lotes a un precio muy bajo por parte del Gobierno neuquino, y a la iniciativa de un grupo de vecinos que decidió unirse y promocionar los atractivos de la zona, creando un centro de esquí en el cerro Batea Mahuida. Aunque, en realidad, los libros dicen que el área estuvo poblada desde mucho antes: a l menos los últimos 10.000 años habitaron numerosos pueblos cazadores y recolectores que dieron origen a la cultura pehuenche en un paisaje cordillerano rodeado de pehuenes (o araucarias), árboles milenarios que encierran la historia de las culturas aborígenes de la región, las cuales utilizaban el fruto –piñón– de esas plantas como alimento. ■ Consejos útiles contra el frío La cena de bienvenida para los más de 30 participantes a la travesía fue puntual a las 21, momento en que Verónica Romaña –directora de Mainumby4x4– se encargó de detallar algunos conceptos importantes para combatir el níveo frío: “La camioneta debe estacionarse con la trompa en dirección a la salida, sin freno de mano, en ‘N’ en los automáticos (no en ‘P’); y trabada con tacos de madera, troncos o piedras en las ruedas. Si se puede estacionar debajo de árboles, mejor, el frío las afecta menos. Las escobillas del limpiaparabrisas hay que dejarlas levantadas (si se pegan, echarle agua natural, no caliente). Sería bueno que las puertas quedaran mal cerradas para que los burletes no se peguen por el frío, en su defecto, rociarlos previamente con silicona. No trabar el vehículo con llave porque las cerraduras pueden congelarse y resultará difícil abrirlas. Finalmente, todas las válvulas de los neumáticos deben tener su correspondiente tapa para evitar que se congelen y/o ingrese suciedad. Llevar óvulos de repuesto y compresor también resultará muy útil”. Explicando conceptos de ese estilo más algunas maniobras de conducción transcurrieron la entrada y el plato principal. Previo al postre hubo sorteos de BF Goodrich, Campinox, bidones Driven y revista Weekend. Y, acto seguido, la entrega de la tradicional bolsa de obsequios a los participantes y el handie para que todos tuvieran comunicación durante la travesía. “¿Dudas, preguntas?”, remató Romaña. “Mañana a las 9:30 nos ponemos en marcha. Por respeto a todos y para cumplir con el recorrido, sean puntuales, por favor”, sentenció. ■ Amanecer de noche A eso de las 8 un aroma a tostadas y café invadió la hostería. Detrás de la ventana de la habitación todavía estaba oscuro, pero se esbozaba la silueta del arroyo. Equipados con ropa para la nieve y bien abrigados nos fuimos cruzando expectantes para iniciar la travesía. A las 9:30, tal como estaba previsto, se escuchó en la radio: “Buen día, buen día para todos... Handies y luces encendidas, cinturones de seguridad colocados... Vamos que nos vamos...”, la tradicional frase con la que Romaña da inicio a sus travesías. Lentamente, como para darle tiempo a levantar temperatura, las 14 camionetas 4x4 se pusieron en marcha, primero por la RP 11 y luego por la RP 13 hasta un cruce de caminos a la izquierda, punto de comienzo de la verdadera aventura. Ya sobre la huella, la primera consigna fue bajar la presión de los neumáticos a 20 libras (que después hubo que corregir a 15 y hasta 12 en algunos casos). Ahora sí, a peludear, como suelen decir en la jerga: avanzar sin encajarse ni quedar colgado ni perder de vista al de adelante ni al de atrás. Todo parece sencillo hasta que deja de serlo, y ahí entra a tallar la actitud docente de los guías que indican qué hacer en cada caso, qué cambio es el correcto, cómo maniobrar... “En la nieve hay que abrir huella despacio; ni bien sentimos que la rueda patina, salir marcha atrás, no hay que dejar que el neumático gire sin traccionar, porque forma hielo; siempre asegurarse la salida”, explica la líder del grupo a uno de los participantes mientras –parada al lado de la ventanilla de la pick up– le detalla con gestos la maniobra. “La técnica es avanzar, retroceder, avanzar y retroceder, buscando con el embrague el punto en el que la camioneta se hamaca”, continúa. Insistimos: parece sencillo, pero... Finalmente, todos lo logran tras varios intentos a lo largo de las tres jornadas de travesía. Como el aprendizaje no está exento de errores, también hubo rescates con malacates, palas, eslingas y poleas, de los que todos participaron para aprender el uso de los diferentes equipos que posee la organización (¡y algunos pilotos offroaders también!) ■ Iconos de Pehuenia Así, día a día fuimos descubiendo paisajes y sitios increíbles, como el hito fronterizo con Chile y la aduana abandonada, en realidad, un viejo puesto de Gendarmería que funcionó hasta principios de los años ‘80 y que los visitantes vandalizaron hasta dejarlo casi en ruinas. También, miradores de puntos panorámicos infinitos en los que el cielo celeste se fundía con el prístino blanco terrenal y mallines nevados de complejo paso que nos impidieron llegar a las lagunas congeladas. Si algo sobró fueron porciones de almuerzo caliente en travesía, sobre la nieve y bajo las araucarias: pizzas de sabores varios, bondiola braseada y guiso de lentejas con carne. Difícil quedarse con hambre ya que se podía repetir hasta el cansancio. De postre: vigilante de batata y membrillo. Y, por la tarde, alfajores artesanales como merienda, mientras desandábamos camino sobre nuestras propias huellas –no sin dificultad– al tiempo que el sol se ocultaba tras las montañas. Como “el mejor de los viajes siempre es el próximo” (frase de Javier Pérez Reverte), este mes llega la selva oculta del Moconá, en Misiones. Y, los sucesivos, las Dunas del Nihuil, Mendoza; Diamante-Victoria, Entre Ríos; y los faros de la costa. Para participar no es necesario ser un avezado piloto ni tener camioneta equipada. Las ganas de disfrutar en familia o con amigos son un buen comienzo. Así quedó demostrado en Villa Pehuenia.

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