A la deriva por las barrancas.

Dorados en paleríos y correderas del Paraná rosarino. Ejemplares de cuatro kilos difíciles de lograr. Equipos, señuelos y carnadas.

Por Julio Pollero.

2022-09-15T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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PESCA

Dorados en paleríos y correderas del Paraná rosarino. Ejemplares de cuatro kilos difíciles de lograr. Equipos, señuelos y carnadas. Tengo ganas de pescar dorados, ¿adónde podemos ir?”, me preguntó Facundo Canis mientras miraba en la pantalla de la computadora algunas pescas de otros amigos. Sinceramente, en ese momento no se me ocurría ningún lugar en particular, pero sabiendo el repunte que está teniendo el río Paraná en cuanto a pesca deportiva, rondaba en mi cabeza la posibilidad concreta de visitar la provincia de Santa Fe. Sin dudarlo, me comuniqué por teléfono con Luciano Daviccino, amigo, guía y propietario de Popina Excursiones, quien la tiene bien clarita para pescar en Rosario y alrededores. Con los datos que me brindó no lo dudé un instante y al toque organizamos la salida con Facu. R osa rio es una bella ciudad, muy cercana a Capital Federa l, que además de contar con posibilidades concretas de buenas jornadas de pesca, también permite disfrutar de la noche, su costanera, restaurantes, monumentos, etc. Un plan que cierra para toda la familia. Así que organizamos para dos días completos de pesca, con la idea de buscar dorados con señuelos y carnada natural. Para la pesca con artificiales preparamos cañas de baitcasting de entre 1,80 y 2,10 m de largo, reeles chicos y medianos cargados con hilo multifilamento de 40 lb (1 lb = 453.5 g) y una buena cantidad de señuelos para cubrir todas las posibilidades. En cambio, para la pesca con carnada llevamos cañas de hasta 2,50 m de largo, reeles redondos cargados –algunos– con nylon monofilamento de 0,40mm y –otros– con multi de 30 y 40 lb. Solo agregamos unos plomitos corredizos de entre 10 y 40 g, y leaderes de acero con anzuelos 6/0 al 8/0. La carnada serían morenas, anguilas y algunas postas de sábalo. Con todo armadito y programado, pusimos día y hora para nuestro relevamiento. Y así bien temprano salimos de casa para llegar con las primeras luces del día al embarcardero y disfrutar toda la jornada. El viaje debimos sortearlo con una niebla bien espesa que dificultaba mucho la visión, la que no aflojó ni siquiera cuando arribamos a Puerto San Martín, lugar donde se encuentra la guardería. Luciano, de todas formas, ya tenía la lancha lista, solo quedaba cargar los equipos y navegar con la mayor prudencia posible. De a poquito el sol ganó la pulseada y tuvimos una jornada bien luminosa. Durante la navegación fuimos probando algunos puntos que se veían muy rendidores, pero nuestro destino final era la zona de El Ma lo, L os Reyes y los a lrededores de la Reserva. Venía bastante difícil la pesca, lugar que probábamos, lugar que fracasábamos. Las ideas ya se iban transformando en lamentos, pero el guía Daviccino frotó la lámpara y encaró hacia unas barrancas donde el agua corría fuerte y chocaba en algunas puntas y árboles que la aceleraba aún más. Colocamos señuelos de paleta 1 y 2, como los Bendy 12, Banana curva Voraz, Mini Raptor… y comenzamos a castear tratando de caer bien pegaditos a la barranca. ■ Dorados de 4 kg El primero en acusar un pique fue Facu, quien pudo arrimar un doradito de unos 3 kg de peso, después fue el turno de Luciano con otro igual y el ter cero fui yo que lo arrimé hasta la lancha y se me soltó. Así fuimos bajando el río ayudados por el motor eléctrico de proa que nos acomodaba tal cual los requerimientos de la zona. Luego cruzamos de costa y probamos en unos paleríos con los mismos resultados: dorados de entre 2 y 4 kg de peso, realmente muy divertido. El día se iba terminando y debíamos volver a puerto para dejar todo listo y encarar nuestra segunda jornada. Para ese otro día traeríamos como compañera de pesca a Melanie Yuponi, nuestro as de espada. Melanie, más conocida como “La novia del Paraná”, es una entusiasta pescadora que hasta me contó que no pudo dormir la noche anterior de lo ansiosa que estaba. Nuevamente muy tempranito nos encontramos en la guardería. Otra mañana más parecía que la niebla nos iba a jugar una mala pasada. Pero no, así que c a rga mos r ápid a ment e los equipos y fuimos directamente a las barrancas que tan buen resultado nos habían dado. La navegación se hizo muy placentera y la aprovechamos para contar algunas divertidas anécdotas mientras armábamos los equipos y no perder tiempo cuando arribáramos a las canchas de pesca. A lo lejos se veía una embarcación que ya estaba en zona, por lo que deci dimos buscar otro lugar hasta que pudiéramos hacer la bajada como queríamos nosotros. Facu y Mel armaron equipos de bait con distintos señuelos, y Lucho puso carnada natural en su anzuelo para hacer pesca al golpe. Efectuamos un par de pasaditas y nada, ni un solo pique. Levantamos el eléctrico y navegamos unos minutos hasta llegar al lugar que habíamos elegido inicialmente. Unos cientos de metros antes paramos para no hacer ruido y, en la medida en que nos acercábamos, comenzamos con los casteos hacia la costa. El primero en acusar un pique fue Luciano, quien sintió cómo mordían su carnada lentamente y se la llevaban hacia el centro del río. Esperó pero no pudo concretar el pique. Exitos y sinsabores A los pocos minutos el que clavó certeramente fue Facu: la primera captura del día, un dorado chico, pero muy peleador y saltarín. Seguimos con la deriva aguas abajo y “La novia del Pa ra ná” clavó un l indo tigre de los ríos que arrimó luego de unos minutos y que el guía embolsó con el copo para izarlo a bordo sin lastimarlo. La alegría generalizada reinaba en la embarcación. Tras las fotos, dorado al agua. Tras el éxito, volvimos a hacer la pasada por el lugar, esta vez sin ninguna respuesta. Así que desde allí cruzamos hacia una punta de isla con varios á rboles sumergidos. Todos prepararon las cañas de baitcasting y señuelos que no profundizaran tanto, ideales para los palos. Entremedio de los casteos y mientras manejaba el motor eléctrico, el guía pinchó un hermoso dorado que encaró hacia los árboles y, lamentablemente, perdimos. Caras largas invadieron la lancha. Había que seguir pescando, así que fuimos en busca de una nueva zona, donde tuvimos algunos piques de ejemplares medianos y otros fallidos, cosas de la actividad. Como teníamos que regresar temprano a Capital Federal, decidimos volver a las barrancas que tan buenos resultados nos habían dado. Facu seguía haciendo las cosas bien y capturaba dorados de todos los tamaños. Melanie, con todas sus ganas y dedicación, cambiaba señuelos según la circunstancias y demostraba toda su pasión en la pesca deportiva con tiros realmente muy buenos y mejores capturas. El guía no se quedaba atrás: donde ponía el ojo caía el señuelo y también pescaba lo suyo. Sin duda, vivimos dos jornadas muy lindas de pesca, con varios altibajos en algunos momentos, los que pudimos sortear al capturar unos cuantos dorados que estaban medio remolones y difíciles. Rosario siempre estuvo cerca, muy cerca, y vale la pena intentarlo.

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