Destino final: El Fondeadero

Dos días de navegación desde Tigre a lo largo de diversos cauces del Delta para llegar hasta este destino, un clásico de los remeros con buenos servicios para comer y acampar.

Textos y fotos: PATRICIO REDMAN

2022-09-15T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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KAYAK

Dos días de navegación desde Tigre a lo largo de diversos cauces del Delta para llegar hasta este destino, un clásico de los remeros con buenos servicios para comer y acampar. Desde siempre, el inmenso Delta convoca a miles de aficionados al canotaje a lanzarse a la aventura. Y los meses de invierno tienen un encanto especial por la soledad del ambiente y brindar paisajes casi siempre neblinosos. A medida que nos alejamos de Tigre, el Delta retoma su espíritu isleño y es un placer adentrarse por los riachos siguiendo algún curso serpenteante. Uno de los recorridos clásicos es la remada hasta el recreo El Fondeadero, ideal para realizar en dos días con acampe. En toda esta zona podemos navegar casi sin sobresaltos, con poca presencia de lanchas y cruceros, y sobre todo echarle un vistazo a la zona no contaminada por la ciudad. Primeras paladas Una mañana nublada zarpamos lentamente, copiando la margen del río Sarmiento hacia el San Antonio. En esa oportunidad me acompañó un divertido grupo de españoles de la Fundación Hakuna que estaban efectuando su primera remada en kayak. Estos primeros kilómetros avanzamos despacio para que el grupo lograra timonear correctamente los kayaks. Es importante en este tipo de salidas de travesía y de bautismo, comenzar la remada de forma tranquila y pausada para entrar en calor sin forzar articulaciones ni músculos. A poco de navegar nos encontraremos el amplio río San Antonio, como el día estaba nublado había poco tráfico de lanchas y resultaba un paraje solitario y ventoso. Un poco más adelante pasamos el complejo Sarthou y hallamos la desembocadura del arroyo Dorado. Navegamos luego sobre la margen derecha, bien pegados a la costa porque la corriente en contra se hacía sentir. Los remeros f ueron solt á ndose metro a metro y navegaban más relajados. Ante nosotros se abrió el Delta profundo: las viejas casas isleñas, las chatasalmacén y la visión de las familias con sus perros ladrándonos nos adentraron en este singular recorrido. Una vez en el Arroyon, el ambiente se tornó más agreste y ahí descubrimos los juncales, y los típicos bosques de sauces y álamos que crecen en las riberas. Hicimos paradas frecuentes para reagruparnos, porque fueron muy diferentes los ritmos de paladas de los participantes. Algunos preguntaron si faltaba mucho para llegar y notamos que estaban cansados, por lo que aminoramos el ritmo para llegar tranquilos. Era una tarde solitaria y el arroyo se presentaba como una superficie sin olas y viento. El sol se abría camino entre las nubes y templaba el ambiente. Remamos a ritmo lento, observando las bandadas de biguás y patos. Mientras caía el sol, superamos el arroyo y parador Borazo y nos detuvimos para hidratarnos y observar el entorno. A medida que nos internábamos río arriba, el Arroyón empieza a zigzaguear entre extensos juncales. Por momentos el cielo se encapotó y nos dio la impresión de que se venía la tormenta. En este tramo es preferible navegar por la margen derecha, ya que la corriente en contra resulta menor. Despues de tres horas de remo, arribamos al canal Honda y un poco más lejos divisamos la silueta del histórico parador El Fondeadero, donde armaríamos nuestro campamento. Por la noche hubo guitarreada, charlas de fogón y se cocinaron hamburguesas. Ahí nos enteremos de que la Fundación Hakuma inculca valores universales y de ética, también promueve proyectos de acción social en nuestro país. Estos chicos españoles realizaron tareas de ayuda en barrios carenciados. Una charla diferente a las habituales. Por la mañana el cielo estaba amenazante por lo que, sin dilaciones, desayunamos y nos aprestamos para zarpar. Como éramos un grupo grande, demoramos la salida en los preparativos. Primero tomamos por el canal Honda hasta el hermosísimo canal del Este y el río Urión. Este enorme curso que tiene una excelente corriente de casi 4 km/h nos impulsaba r ío abajo. Sobre las riberas observamos viejas casas isleñas y cabañas de alquiler. Hasta hace unos años, muchos pobladores de esta zona se dedicaban a la pesca y a la caza del carpincho, lobito de río y nutria, hoy prevalecen las cabañas de alquiler. Lo que no ha cambiado es la gran presencia de aves; reconocemos garzas moras, biguás, Martín pescadores y garzas brujas. Avance difícil El viento del sur lentamente comenzó a hacerse sentir en el río. El Urión se tornó más compl icado que lo habitua l: las aguas y el oleaje en contra nos frenaban el avance, por lo que navegamos pegados a la costa y tratando de evitar la peor correntada. Palada tras paladas nos fuimos acercando al pintoresco arroyo Borazo, por el que navegamos lentamente, recuperándonos del esfuerzo y, sobre todo, disfrutando de este apacible lugar donde el agua parece un espejo y todo es silencio. Media hora más de remo nos demandó llegar al arroyo Dorado. Acá reapare cieron las infaltables lanchas y motos de agua, y hay que estar atentos al tránsito. Descanso Luego de una hora de marcha desembarcamos en la playa solitaria del San A ntonio para almorzar y recuperarnos. El ambiente era de excelente humor porque todos logramos superar el esfuerzo de la remada. Hay que tener presente que este periplo a El Fondeadero es una travesía de media dif icultad para remeros sin experiencia. Lograron hacer algo más de 20 km por jornada. El recorrido partiendo desde Tigre –rampa municipal– nos demandó 20 km de ida a ritmo tranquilo y otro tanto de regreso. Con el sol cayendo, retomamos la remada subiendo el San Antonio hasta llegar al río Sarmiento. Dos horas más de remo y arribamos a Tigre. La llegada fue con mucho júbilo y alegría, ya que todos disfrutaron del esfuerzo en conjunto. Fueron dos días de experiencia compartida con 60 chicos de entre 18 y 22 años inmersos en la naturaleza; una hermosa convivencia.

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