Cómo y por qué devolver un pez al agua.

No sabemos si los peces que reingresamos morirán a causa de la pelea. Sin embargo, podemos tomar medidas para intentar favorecer su salud. Algunos consejos para mejorar esta práctica.

Por Néstor Saavedra.

2022-09-15T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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PESCA

No sabemos si los peces que reingresamos morirán a causa de la pelea. Sin embargo, podemos tomar medidas para intentar favorecer su salud. Algunos consejos para mejorar esta práctica. Desde hace unos 20 años no mato más peces, ni siquiera pejerreyes o lisas. No pido que nadie tenga la misma rigurosidad ni condeno si no piensa lo mismo. Creo que es una cuestión de conciencia, salvo que las normas digan lo contrario, y de respeto, porque los peces son de todos y nadie me autoriza a matar los que otro puede pescar. Sin embargo, existen algunas razones por las que no me gusta la pesca con muerte. En primer lugar, si son pescados de valía deportiva y no abundan, como el dorado, el pacú, el surubí o el chafalote, los devuelvo para poder pescarlos nuevamente. Y sin ser tan egoísta, también dejo que otro también lo pesque. ¿O es agradable que maten los peces que puedas sacar? Al llegar a este punto sé cuál será la reacción de algunos: “Lo que más daña son las redes o la pesca comercial”. Incluso surge la pregunta comparativa: “¿Por qué voy a devolver, si los furtivos matan todo?”. Decisión propia En derecho, que otro haga algo malo no me autoriza a hacerlo. De lo contrario, solo serían penados los delitos exclusivos. Que alguien deje el auto en cualquier lado no me autoriza a hacer lo mismo y estacionar mal. En la reflexión sobre la conducta propia, tampoco me conmueve: si todos matan, no me instiga a matar. Mis convicciones no dependen de lo que hagan los demás y ser oveja del redil. Los pescadores deportivos no son el peor daño de un río. La matanza indiscriminada, aut or i zad a o no, es mucho peor. Ni qué hablar de la contaminación de las ciudades, de los pesticidas del campo o las represas con sus daños ecológicos. Sin embargo, sin dejar de pensar en estos crímenes, el aporte más directo que podemos hacer es devolver los peces para contribuir a toda la economía que gira en torno de este pasatiempo: si no hay mucha cantidad, buena variedad y grandes peces, ningún pesquero, ningún guía de pesca, ningún comerciante de pesca ¡y ningún pescador! tiene futuro. El otro aporte: llegar a los que toman las decisiones de prot eger r íos y peces. E st e camino es más difícil que el primero, porque se necesita vocación y tiempo para hacer política, pero está demostrado que todo grupo que logró cambios masivos tuvo que dar este paso, desde la igualdad de género hasta la protección de los bosques andinos. Como la devolución es parte de la jornada de pesca se pueden tomar previsiones que la hagan más fluida. Por ejemplo, no conviene usar un equipo débil para capturar un pez grande: lo único que lograremos es estresarlo, una de las causas más comunes de muerte. Peces con menor cantidad de tiempo de lucha recuperan mucho más rápido (0 a 85 minutos) su ritmo cardíaco normal en comparación con los que pelearon exhaustivamente: 20 a 210 minutos. Hasta donde sé, no contamos con estudios biológicos sobre recuperación de peces de la Argentina devueltos a su medio. Sabemos de algunas recapturas aisladas exitosas. Sin embargo, en países donde se considera a la pesca deportiva un recurso turístico importante, hay un gran trabajo de ictiólogos que, por ejemplo, nos ayudan a conocer que la gran mayoría de los peces devueltos mueren en las primeras 48 horas, no necesariamente en el segundo en que los dejamos ir. Los anzuelos Otro punto para favorecer est esta práctica es no usar, dentro de lo posible, anzuelos en lugar de triples. Estudios citados por Rubinho, en su libro Pei xes fluviais do Brasil, indican que en varias especies los triples causan mucho menos daño que los simples, sobre todo si éstos son delgados. Por ejemplo, en un estudio sobre ciertas truchas, la tasa de mortalidad con anzuelo simple llegó a 10,3 % contra el 4,8 % de señuelos con triples. Esto se debe mayormente a que, con carnada natural, el cebo es delgado y blando, y el pez traga más, mientras que, con artificiales, se queda en la región periférica de la boca. Con el salmón del Atlántico, la diferencia es abrumadora, incluyendo con señuelos simples: 35 a 4 %. Sin embargo, con triples pequeños los daños crecen por los desgarros en áreas delicadas. Otro tema importante: tener a mano la cámara de fotos, filmadora o el celular. Cuanto más expongamos el pez al aire, más lo acercamos a su muerte. La falta de oxígeno la acelera, especialmente para los que viven en aguas rápidas como el dorado. Aguantan más los que habita n a mbientes quietos, como la tararira. También conviene que sean accesibles las pinzas para levantarlo y sacarle el objeto extraño, si es que no se lo puede tomar con el dedo pulgar de la boca debido a sus dientes. Nunca hay que tocarle las branquias. Lo ideal es devolverlo en el agua. Si no se puede o se busca alguna buena foto, hay que ser rápido (Rubinho aconseja no más de 20-30 segundos) y no colgarlo sino tomarlo del pedúnculo cauda l o apoya r una mano en la panza para que quede horizontal y no se desgarren los órganos. Cómo restituirlos Para manipularlo, nada más blando y de mejor temperatura que las manos. Pero si están secas o tenemos guantes rugosos, el daño aumenta. Algunos peces, como la lacha o el chafalote, pierden mucho mucus, que no solo los def iende de enemigos, como las bacterias, sino que también los ayuda a nadar. Además, frente a peces con dientes potentes, siempre elija sus dedos. No es cuestión de perder uno por ecologista. Para devolver un pez colóquelo en posición horizontal, con la cabeza sumergida, tomándolo del inicio de la cola. No lo sacuda hacia adelante y hacia atrás porque el ingreso violento de agua en este sentido es anormal para el animal. Cuando sienta que tiene f uerzas pa ra sa l i r, suéltelo. Disfrutará del momento más emocionante de su pesca. Obv ia mente que est as sugerencias t ienen sus e xcepciones. Hay peces que son imposibles de subir y hasta conviene cortar la línea si se ha tragado el anzuelo, como un gran tiburón. Los peces de profundidad suelen morir por descompresión y se aconseja devolverlos tirándolos de frente y con fuerza, como si se tratara de un dardo. Tecnología aplicada En algunos lagos artificiales está prohibido devolver, porque se paga por kilo lo que se pesca o los peces heridos dañan pequeños ecosistemas. Una app japonesa permite tomar una foto del pez, enviarla e, inmediatamente, recibir el dato de si un ejemplar de esa esp e c ie deb e ser dev uelt o. Incluso indica, si se lo puede matar, cómo debe hacérlo de forma más fulminante. En mi ingenuidad de niño que se divierte pescando, sigo creyendo en la devolución, más que por su eficacia a la hora de la preser vación de las especies, por el gesto que implica. En especial frente a las nuevas generaciones que suelen ser más concientes que nosotros, que nos criamos pensando que los stocks eran interminables.

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