Desafío en tiempos fríos

Testeamos arroyos bajos del partido buscando ejemplares con mosca antes de la primavera, el mejor momento para tentarlas.

Textos y fotos: WILMAR MERINO

2022-09-15T07:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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PESCA

Desafío en tiempos fríos. Testeamos arroyos bajos del partido buscando ejemplares con mosca antes de la primavera, el mejor momento para tentarlos. Primero hay que saber sufrir”, dice el tango. Y se me vienen a la mente los versos de Naranjo en Flor mientras camino más de 7 kilómetros, desde el puente donde dejamos el auto, buscando movimientos de carpas que aún no vemos. El día no era el mejor y la época tampoco. Pero la idea era demostrar que la carpa en flycast no tiene temporada y que aún en un día que arrancó con 4 grados de temperatura y 2 de térmica, podíamos lograr ejemplares. Nos había entusiasmado el dato de un colega, César del coto Hoplias El Patio, que había estado relevando arroyos de Lobos una tarde con 20 de máxima y habia logrado 8 ejemplares pese a su casi nula experiencia con la especie. Y allí estábamos, mochila en las espalda y caña 3 de fly con línea de flote y tippet 5x, ya armada “por las dudas”, con mis compañeros Leo Guerrero y Federico Gasparini, caminando y caminando, con un ojo puesto en los pozos que dejan las nutrias a la vera del arroyo y con el otro en el agua buscando movimientos. El Toro, Las Garzas, El Quemado, el Saladillo Rodríguez… todas las canchas de pesca carperas de Lobos nos invitan a esta búsqueda de caminata y premio. Optamos por trabajar como base El Quemado. Finalmente, dimos con algo de actividad en un tramo que no tendría más de 100 metros. Evidentemente los rigores climáticos, que impactan doblemente en arroyos muy pero muy bajos, hicieron que las carpas se refugiasen allí donde encontraron mejores condiciones térmicas. Primero vimos una haciendo tailing, pero la mayoría estaba en la orilla de enfrente y el viento nos soplaba en contra (ley de Murphy que nunca falla), por lo que decidimos desandar unos pasos, cruzar el arroyo helado con el agua a las rodillas y abordarlas con viento de espalda y tiros cortos. ▪ Moscas rendidoras Gasparini logró la primera usando una mosquita de aspecto de alga ( algae fly) con un par de destellos plateados en craft four. La celebramos como un gol sobre la hora. Por suerte no fue la única, aunque sí la primera de una pesca de capturas espaciadas con una especie desafiante que nos fue cambiando el libreto a cada hora. Sobre el mediodía logro mi primer ejemplar apelando a la segunda de dos estrategias posibles en esta pesca: moverse buscando, o quedarse quieto y esperarlas. Así, en la zona donde las vimos concentradas, quedé estático haciéndome parte del paisaje y 5 minutos después asomó un grupo de carpas, una de las cuales empezó a crucerear cerca de la superficie. Le tiré un metro delante de su trayectoria y un metro pasando la imaginaria línea por la que transitaría el ciprino. Arrimé lentamente la mosca procurando que el indicador de pique no hiciese barullo y… la tomó. Apenas un pequeño hundimiento en el indicador bastó para que decidiese clavar. Fue el segundo ejemplar del día que, como el primero, lucía flaco y hambreado. No por nada durante la larga caminata fuimos viendo a cada margen cadáveres de carpas y viejas del agua, que en principio atribuimos a descarte de furtivos, pero que bien podrían haber sido también ejemplares muertos por el frío que caranchos y chimangos atendieron prolijamente tras retirarlos de las orillas. La jornada no regalaba nada, los pocos piques que teníamos había que aprovecharlos. Leo Guerrero trajo una novedad en esta pesca donde cada caña se distancia de la otra para no perturbar los ámbitos: “Muchachos, pesqué una con una seca”, dijo. Y hacia allí fuimos, rompiendo todos los protocolos de distanciamiento para intentar lograr nosotros esos piques en superficie que son una delicia. Pasamos los tres a usar moscas Gurgler, con su foam que las hace flotar, pero las carpas que Leo vio en masa decidieron un imprevisto quite de colaboración y se fondearon de nuevo. Otra vez sopa. La caminata nos devolvió al sitio donde habíamos visto varias amontonadas cerca del mediodía. Y decidimos esperarlas. La estrategia dio resultado. Cuando aparecían (porque estar, estaban, solo que no siempre se dejaban ver), el que estaba más cerca les tiraba su engaño. Así, logramos seis ejemplares en total. Una pesca que en tiempos cálidos debió ser la de cada uno, esta vez fue repartida. Pero es menester entender que el frío intenso, y un viento que no dejó de soplar fuertemente durante toda la jornada, hicieron que estas seis fueran para celebrar, considerando lo vivido como una buena pesca dadas las circunstancias. ▪ Cuestión de peso Estamos en el mes donde el tiempo empieza a mejorar y las necesidades energéticas de la especie, de cara a su período reproductivo, las harán más voraces. Una hembra, por ejemplo, puede tener hasta el 20 % de su peso en huevas, por lo que esa masa debe salir del alimento que ingiera en estos días clave para salir a buscarlas. Así las cosas, para pescar una especie que abunda y nos puede dar trofeos muy cerca y de una manera muy deportiva, lo único que tenemos que hacer es contar con un buen equipo, moscas adecuadas y –sobre todo– nuestra predisposición por salir a caminar campos y buscarlas. Las aguas bajas siempre nos van a dar premio. Y de cada salida de pesca volveremos con nuevos aprendizajes. No es poca cosa.

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