Las azules llegaron al Delta.

Ya no es necesario viajar a Uruguay para capturar las tarariras tornasoladas. Esta temporada, pese a la sequía que afecta a varios ámbitos tarucheros, llegaron al Delta y la Primera Sección es una fiesta.

Por Julio Pollero.

2022-11-08T08:00:00.0000000Z

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Editorial Perfil

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PESCA

Noesnecesario viajar a Uruguay para capturar las tarariras tornasoladas. Esta temporada, pese a la sequía que afecta a varios ámbitos tarucheros, llegaron al Delta y la Primera Sección es una fiesta a tiro de caña. Dónde encontrar esta especie. Ahora sí que fuimos por una difícil. Ni Messi en el álbum de figuritas del mundial costó tanto. La idea era encontrar tarariras azules, las que se denominan tornasoles o taruchas picudas en un ambiente cercano, y vaya si lo logramos en cantidad y calidad. Años atrás, la pesca de esta especie solo se daba por casualidad y pescando con carnada natural a la espera, buscando alguna otra especie. Luego con algunos pocos conocimientos, pero con muchas ganas, se empezaron a conocer algunos sectores del río donde, cuidadosamente y con mucho hermetismo, llegaban los que tenían más experiencia, siempre tentándolas con morenas vivas, trozos de anguilas hasta lo que llamamos alguna vez en forma chistosa el baitcarning, que consistía en ponerle una cuchara giratoria delante de una morena viva. Siempre difíciles Así fueron transcurriendo los años, las temporadas... Y alguno de los viejos pescadores del Río de la Plata, esos que salían seguido, anunciaba una captura buena, de esas de más de 5 o 6 kg, pero eran pocas a lo largo de la temporada. La cuestión es que, con el correr del tiempo, la pesca fue avanzando y los desafíos no fueron tales, porque los elementos de pesca fueron ganando en modernidad y los nuevos guías de la zona empezaron a llevar a sus clientes para intentar pescar esta famosa tarucha tornasol. Obvio que los pescadores deportivos particulares también utilizaron sus embarcaciones y conocimientos para ir por ellas, in cluso al vecino país –Uruguay–, donde son famosas. Esta tarucha azul o tornasol es muy parecida a las tarariras negra o criolla, como la llaman en el Delta. Comparte los mismos hábitos, navega los mismos arroyos, pero se diferencia claramente en la cabeza y en la línea azulada que recorre su cuerpo. También, al momento de picar no se alborota, es más prolija. Y sus piques se dan en lugares más profundos y sucios, entre palos u otros obstáculos que podemos encontrar en el fondo de los arroyos o algunos ríos. Con la toda la información necesaria, sumada a la experiencia propia, más algunas charlas con Juancito Turano, amigo que se fue a vivir al Norte del país pero que viene a hacer de guía al Río de la Plata, ya que una de sus pasiones es la pesca de esta especie (además, es uno de los artífices de que otros guías quieran copiarlo), emprendimos el desafío. La pesca con artificiales de un tiempo a esta parte fue ganando popularidad por sobre las otras, y es la mejor manera de intentar las azules, sobre todo con señuelos soft, esos engaños de goma que también ganaron terreno. Equipos ideales Para la pesca con artificiales podemos optar por las modalidades baitcasting, spinning o flycast (esta última es poco recomendable para el río). Cañas de 1,60 a 2,10 m de largo con reeles chicos o medianos cargados con multifilamento de 40 lb (1 lb = 0,453 g). ¿Por qué cañas cortas? Porque muchas veces hay que hacer puntería debajo de los árboles a muy corta distancia, y resulta casi indispensable tirar desde abajo. Complementamos con algunos leaderes de acero, anzuelos offset con y sin plomo, cucharas giratorias para armar y una gran variedad de gomas, como las ranas Z-Man, Gozio Intruder, Lure Soft, etc. Los equipos los teníamos todos armados, las ganas estaban intactas, solo restaba una última comunicación con mis amigos Gaston Ianni y Javier Santos Paz para ponerle día y hora a nuestro relevamiento. Ellos ya vienen pescando desde hace bastante, y así es cómo fueron logrando y recolectando material para compartir este relato periodístico y fotográfico. Nos costó nada ponernos de acuerdo: un par de días después ya estábamos con los primeros rayitos de sol en los pontones de la guardería Sarthou, lugar desde donde arrancaría nuestro derrotero. Otra de las cosas buenas de esta pesca son los sectores donde capturar las taruchas: Primera Sección del Delta, a pasitos de las guarderías de zona Norte. En marcha por el río Cargamos todo en la comoda Tanolandia y rumbeamos para la zona de los Bajos del Temor a fin de entrar en el arroyo Baldosas, base de este relevamiento. Armamos los equipos, elegimos distintos tipos de soft, y... ¿Por qué utilizamos señuelos de goma? Porque por su condición podemos usar anzuelos con o sin plomo para esconderlos en su cuerpo, y así llegar rápido al fondo y no tener enganches. Utilizando otro tipo de engaños es más lo que vamos a renegar que pescar. Cuidadosamente ingresamos al arroyo y, una vez elegido el lugar, apagamos el motor principal y nos manejamos con el eléctrico de proa. Primero navegamos la costa donde pegaba el sol, todo muy despacio y tratando de embocar nuestros señuelos en cada uno de los hoyitos que nos dejaban los árboles, las ramas, camalotes, plantas… Y todo lugar donde nos parecía que podría picar alguna. Un consejo útil, la tararira tornasol pica más en el fondo de los arroyos que en las costas, por lo tanto hay que dejar profundizar los señuelos, darle un poquito de movimiento y recoger lentamente. La mayoría de las veces no son piques furiosos, sino más bien pequeños toques y ahí se quedan, hay que incentivar y luego clavar certeramente. La jornada de pesca transcurría junto a mis compañeros que no paraban de lanzar. Yo, un poco cansado, me detenía a mirarlos cámara en mano para captar todos sus movimientos y, cada tanto, alternar con algo de acción para realizar algunas capturas. También nos picaron algunas criollas muy buenas, pero no era lo que buscábamos. De manera alternada cambiábamos de costa y de arroyo: entrábamos desde el Chanacito al Baldosas, ida, vuelta, regresábamos otra vez. Las expectativas no variaron y las capturas tampoco, ya que se dieron muy buenos ejemplares de tornasoles. Dentro del arroyo nos encontramos con embarcaciones de otros guías que también hacían de las suyas y lograban algunas capturas, que no solo se dan en estos dos cauces, sino que también podemos encontrar en el Caracoles, Capitancito, Diablo, Felicaria y muchos otros ríos más. Sin duda, la pesca de la tararira azul nos mantiene muy activos, expectantes y con la ilusión intacta gracias a las bondades del río, y las ganas de guías y pescadores. En el mismo sentido, ya no tenemos que pensar más en viajar a Uruguay para pescarlas, las tenemos acá, en la Primera Sección del Delta. Es cuestión de animarse y encontrar al guía capacitado que la tenga clara (por suerte hay varios). Intentarlo es un viaje de ida en el mundo de la pesca.

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